Tres candidatos en Tercer Grado

Atendí como espectador los programas de Tercer Grado dedicados a los tres candidatos más relevantes a la Presidencia de México. Esas emisiones son dignas de estudio por lo que revelaron, especialmente en el caso de AMLO.

EMPIEZO POR MEADE…

En el caso de José Antonio Meade, confirmé lo que vengo diciendo desde el mes de septiembre de 2016 (puede usted checarlo en el video de YouTube del Colegio de Imagen Pública), cuando lo mencioné como el caballo negro en la carrera por la Presidencia, al considerarle cuatro cualidades poco vistas en un político: preparación, capacidad, decencia e imagen de no ser político; viendo el programa confirmé que, efectivamente, el candidato Meade domina como nadie los diferentes y difíciles escenarios del México pasado, presente y futuro, producto de su preparación académica y de su experiencia en cuatro secretarías de Estado durante dos sexenios diferentes. Además, constaté que su capacidad de expresión es muy buena, por lo que se me hizo fácil entenderle. Sin embargo, noté un cambio: ya no hizo ningún esfuerzo por deshacerse de la imagen del PRI que lo tiene instalado en el tercer lugar. Confirmó, con sus respuestas, que ahora su unión con el PRI es total, ya que jamás se prestó a hablar en contra de su partido ni del presidente Peña, de hecho, dio ahí las primeras muestras de que iniciaba una nueva estrategia de campaña tendiente a rescatar el voto duro priista, que se estaba ablandando, lo deduzco porque ahora se pone la chamarra roja, exhibe el logo de su partido en el atril de sus eventos, acepta fotos con personajes priistas polémicos y su discurso ha girado hacia las huestes tricolores. Un giro que pretende terminar con la idea del candidato no priista intentando rescatar “de lo caído, lo que aparezca”.

SIGO CON ANAYA…

Ricardo Anaya se mostró como el que es, un hombre joven con una visión clara hacia la modernidad que México necesita. Demostró que su inteligencia racional no está en entredicho, que es real, y sabe usarla para argumentar y proponer, pero que anda flojo en el uso de esa otra inteligencia que se llama emocional, tan importante como la racional, pues la complementa para integrar un ser humano no solamente pensante, sino sensible, capaz de conectar con el corazón de la gente. Esa parte simpática, cálida, comprensiva, cariñosa, cercana y hasta divertida que todo candidato debe desarrollar, si es que quiere convencer con mayor facilidad. Creo que ahí radica la causa por la que no ha sido posible que el candidato frentista logre un mayor porcentaje de intención de voto, y de que ahora se fomente más la idea de que ya es una elección sólo entre dos, apostando a que, a la mera hora, mucha gente indecisa o preocupada por una inminente victoria de AMLO decida mejor votar por él, pero no porque lo quiera o porque sea su adepto, sino porque ocupa el segundo lugar.

Y CIERRO CON AMLO…

Él me cambió completamente la idea que yo tenía acerca de que era un propagandista innato que influía de manera natural en sus seguidores. Ahora estoy completamente seguro de que es un hombre estudiado y que sus técnicas de propaganda han sido cuidadosamente planeadas. Lo deduzco cuando lo escuché, entre el minuto 19’35’’ y el 21’17’’ del programa, hacer las siguientes afirmaciones: que la técnica propagandística de hacer señalamientos a sus adversarios es “parte de una pedagogía política”. Que sabe que polariza a la gente cuando responde más con su lenguaje corporal que con palabras a la pregunta expresa de René Delgado, ¿no polarizas?, lo siguiente: “No, sí, hace falta, a veces, mucha claridad”, pues debe enfrentarse al problema de la simulación. Que conoce el concepto de internalización cuando responde: “Nos costó muchísimo trabajo que se internalizara de que (PRI y PAN) son lo mismo, eso significó Prian”. Que le han dicho que “ya no hables de la mafia en el poder, pero era necesario explicarlo así”. De que él es un “dirigente político cuya misión es la de informar, orientar y concienciar a la gente, ésa es mi labor”, para entonces repetirle a Denise Maerker que todo lo que hace “es parte de una pedagogía política, ya que podría usar términos muy rebuscados, pero que debe hablar muy claro para que se le entienda”. Como pueden ver, estamos ante un gran estratega que sabe más que lo que sus detractores creen y que no solamente tiene ideas, sino que, además, las realiza con efectividad. La verdad, no me extraña que vaya arriba y que, llevando tanta ventaja, hasta logre ser presidente.

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