El discurso diferenciador
Han empezado
las campañas, hay tres mil 643 cargos públicos
en disputa, entre
los que, por supuesto, están la Presidencia de la República, 128 candidatos a senadores,
500 a diputados federales
y nueve para gubernaturas.
¿Podrán diferenciarse entre sí?
REQUISITO DE FONDO…
Está comprobado, lo dicen las investigaciones que, a manera de auditoría de imagen pública, hemos realizado en eventos públicos: casi nadie será capaz de identificar físicamente las diferentes opciones personales que habrá para cada candidatura, menos podrán relacionar nombres de candidatos y muchos menos sus mensajes, así que muy pocos sabrán qué dijo quién y por cuál puesto estarán compitiendo, por lo tanto, la clave para distinguirse entre el montón de figuras y discursos estará en la eficiencia con la que se entregue el mensaje, tanto en fondo como en forma, por lo tanto, la palabra coherente se erigirá como la principal fortaleza que un candidato político deberá poseer para que se produzca la ansiada diferenciación y la conducta del voto a su favor. Cualquier mensaje que se dirija a una audiencia deberá cumplir con cinco requisitos de fondo y forma que serán indispensables si es que se quiere lograr su eficaz transmisión. Ellos son: El Conocimiento, la Sencillez, la Brevedad, el Orden y la Convicción. El principal requisito de fondo que se le debe exigir a alguien que se va a parar a hablar frente a otros consiste en que, al menos, sepa de lo que está hablando. Qué molesto es oír a alguien que trata de convencernos de algo que no conoce, y eso es precisamente lo que estará sucediendo a diario con muchos de los candidatos que recorrerán sus territorios sin siquiera haberse preparado con dignidad. A ver, piense… Si gran parte de las candidaturas son otorgadas mediante el proceso de palomeo de listas de nombres en el que se tienen que cuidar cuotas de asignación por grupos de poder, género, clientelismo y quién sabe cuántas presiones más, es lógico suponer que muchas candidaturas no recaerán en los candidatos idóneos, los poseedores del conocimiento que el cargo precisa, así que, ¿cuántos individuos estarán verdaderamente preparados para la candidatura que les asignaron? ¿Tendrán la capacidad suficiente para ocuparlo?
REQUISITOS DE FORMA...
Adicionalmente, existen tres requisitos de forma indispensables para facilitar que el mensaje del orador penetre en la mente de su escucha: 1) Sencillez para que se le entienda. 2) Brevedad para que no se aburra o distraiga la audiencia y 3) Orden para que, a quien escucha, se le haga fácil seguir el discurso. Entendamos por sencillez el adecuar el código de comunicación del discurso al que normalmente utilice cada audiencia, de tal manera que se evite el error de “adornar” el vocabulario pronunciando palabras que nadie va a entender. Por brevedad, la capacidad de economizar el tiempo de la audiencia a través de la síntesis de los contenidos que muchas veces suelen ser abundantes en información, ya lo decía don Baltasar Gracián desde el siglo XVII: lo bueno, cuando breve, es dos veces bueno. Por lo que los candidatos tendrán que recordar que, en condiciones óptimas, una audiencia sólo está dispuesta a prestar atención durante siete minutos, si es que no sucede algo nuevo que la recupere. Por orden, la cualidad que el discurso deberá tener para propiciar el seguimiento de la audiencia. El orden en un discurso es como facilitar a un niño el subir una escalera por sus peldaños, uno por uno.
REQUISITO DE ESENCIA…
Adicionalmente, cualquier candidato deberá poseer la convicción suficiente en lo que diga como para poder convencer de la validez de sus argumentos a quien lo escuche, lo cual significa, primero, poseer la convicción personal en sus contenidos de discurso para que, después, se produzca la pasión en la exposición y, a través de ésta, el poder sobre la audiencia. Al final de cuentas, las pasiones siempre convencen. Así las cosas, cierro preguntándole… ¿Como cuántos candidatos cree usted que cumplirán con lo requerido para ser diferenciados, escuchados y elegidos? Pocos, ¿verdad?
