Virgencita, plis
Hay que agradecer a la Virgen de Guadalupe que por fin México está al mismo nivel que las potencias mundiales, aunque sea por la inflación.

Vianey Esquinca
La inmaculada percepción
Hoy el país celebra el día de la Virgen de Guadalupe. Muchos devotos aprovechan este día para agradecer favores recibidos y pedir algunos milagros, como los que en esta columna se solicitarán.
Virgencita, por favor que Ana Elizabeth García Vilchis aprenda a leer de una vez por todas y que el Presidente no la vuelva a defender en público como sucedió el miércoles pasado, cuando buscando trolear al exmandatario Felipe Calderón dijo en su conferencia mañanera: “no sabrá leer la señorita de la sección, pero la señorita no dice mentiras”. ¡Plop!
Pobre señorita Vilchis, todos los miércoles en su sección ¿Quién es quién en las mentiras? tiene que hacer un papel humillante al dar “lectura” —por decirlo de alguna manera— a lo que seguramente su peor enemigo le elabora. Prácticamente no hay una semana en que no se vuelva tendencia en las redes sociales por sus equivocaciones o de plano disparates, tiene que soportar haters, memes y burlas y ¿ para qué? Para que el mandatario la llame “la señorita”. Nadie le reconoce que puede ser fuente de inspiración, demostrando que alguien que apenas puede leer tenga un sueldo neto de 56 mil pesos mensuales. Además, por supuesto de que le ha regalado al mundo frases como “No es falso, pero no es verdadero” o “no es falso, pero se exagera”.
Virgencita, que por favor el Presidente no le vaya a pedir al Ejército que sustituya a los Reyes Magos y que, en lugar de Melchor, Gaspar y Baltasar, sean los generales Luis Cresencio, Luis Rodríguez Bucio y al almirante José Rafael Ojeda quienes lean las cartas de los niños, decidan quién se portó bien y quién mal y repartan los regalos. Es que sería lo único que le falta a las Fuerzas Armadas, pues el Ejecutivo ya los ha convertido en arquitectos, ingenieros y constructores de sus obras insignia, repartidores de medicinas, vacunas y libros de texto, supervisores de puertos y aduanas. Además de que tienen que combatir la inseguridad, que es precisamente lo que menos hacen, de acuerdo con las cifras de delitos.
Virgencita, encuentra a la oposición del país, que está en calidad de desaparecida. De todos los partidos no se hace uno. Es menos doloroso irse de rodillas a la Basílica de Guadalupe de ida y vuelta que escuchar los nombres de quienes podrían ser los abanderados para las elecciones presidenciales del PRI, PAN, PRD y chiquillada.
Virgencita, que la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, encuentre su personalidad y que le devuelva la suya al Presidente. López Obrador sólo hay uno, y para muchos eso ya es exceso. También que a Hugo López-Gatell lo reconozcan internacionalmente y que Tuvalu, el cuarto país más pequeño del mundo que se encuentra a mitad de camino entre Hawái y Australia, lo nombre ministro de Salud. Seguramente en un lugar donde la pandemia por covid-19 no llegó, lo recibirán con los brazos abiertos y no le podrá hacer mal a nadie.
También hay que agradecer a la Virgen de Guadalupe que por fin México está al mismo nivel que las potencias mundiales, aunque sea por la inflación. El Ejecutivo dio la buena noticia en una mañanera cuando comentó: “Hubo un incremento en Europa de 25% en su inflación, que afectó a los precios de la luz; en Estados Unidos la inflación no se ha movido en los últimos 30 años, y así está en todo el mundo”.
Quien se comience a quejar de que los precios de la luz, gasolina, gas, frutas, verduras o de la tortilla están muy caros, es que no tiene visión global.
Ojalá, la Virgen de Guadalupe sí le haga estos milagros al país. Con la mitad que se cumplieran, México estaría del otro lado.