Todo bien, excepto los datos

No es relevante cuánto se traiga en la cartera, sino cuántas afirmaciones positivas se puedan recitar frente al espejo.

El optimismo debería ser considerado un producto de primera necesidad y formar parte, de una vez por todas, de la canasta básica; que venga junto al papel higiénico, el frijol y la tortilla y que no falte en ninguna despensa mexicana ni en ninguna mañanera. En un país donde la realidad suele ser indigesta, hace falta ese toque de autoengaño para sobrevivir el desayuno con los datos del día.

Basta con ver cómo se habla del crecimiento económico. El Banco de México recortó la previsión de crecimiento para este año a un famélico 0.1%, en un rango que podría incluso ir de -0.5% a 0.7 por ciento. La OCDE no canta mejor las cifras y le apuesta a un 0.4%, mientras que el Indicador Oportuno de la Actividad Económica (IOAE) del Inegi retrocedió 0.3% anual en mayo, su peor desempeño en el año. Sin embargo, en Palacio Nacional todo es entusiasmo: la Presidenta asegura que el país va bien, que el crecimiento está entre 1.5% y 2%, y que lo importante no es el PIB, sino el bienestar. Es decir, no es relevante cuánto se traiga en la cartera, sino cuántas afirmaciones positivas se puedan recitar frente al espejo.

Sostener esa narrativa requiere un suministro constante de optimismo, preferentemente en cápsulas de alta concentración. No importa si los indicadores tiemblan, si las inversiones no llegan o si los analistas nacionales e internacionales ya hablan en pasado cuando se refieren al dinamismo mexicano, el país sigue adelante, con fe ciega y mirada fija al horizonte, porque si se mirara hacia los reportes se toparía con detalles incómodos como que México logró el último lugar en el Índice de Confianza de Inversión Extranjera 2025 de la firma Kearney.

Además, las empresas estadunidenses redujeron su inversión en el país en 40.1% en el primer trimestre del año; el menor monto desde 2021, cuando el mundo entero se debatía entre el encierro y la ansiedad pandémica. A pesar de ello, aquí se celebra la soberanía, aunque venga acompañada de silencio en las ventanillas de inversión extranjera.

Ni hablar del empleo formal, que en mayo decidió tomarse unas vacaciones con una caída de 45,624 plazas laborales. La creación de empleo en lo que va del año 2025 es de 58.8% por debajo de lo que se generó en el mismo periodo de 2024. Si eso no fuera suficiente, en abril las remesas que llegan a México experimentaron una caída de 12.1% en comparación con el mismo mes del año anterior.

En ese contexto, es comprensible que la seguridad se venda como el nuevo milagro mexicano. El gobierno presume menos homicidios, más decomisos, detenciones espectaculares y un aparente control territorial. El problema es que 93% de los delitos no se denuncia, que las cifras están maquilladas con filtros más potentes que los de Instagram, y que organizaciones civiles han demostrado que se están comparando peras con manzanas. La estrategia de seguridad es perfecta, siempre que los datos se analicen con la luz apagada y el ánimo prendido.

A pesar de todo esto hay quienes logran mantenerse serenos. ¡Qué envidia y qué ganas de ser ese político que tiene como mayor preocupación que no le digan Andy, sino Andrés Manuel! ¡Qué gusto debe dar vivir en esa burbuja donde todo está bien mientras nadie pronuncie mal tu nombre!

Por eso urge que el optimismo se reparta con la canasta básica, para que alcance a todos, incluso a quienes ya no tienen estómago para más cifras alegres. Así el pesimista podrá aprender que si el vaso está medio vacío debe comprar otro que acomode más; que, si las cifras no cuadran, se redondean y si la realidad incomoda, se cancela.

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