Réquiem por una autonomía
En la política mexicana no hay despidos, sino “nuevas oportunidades de servicios”. Las embajadas se han convertido en lugares donde van a parar quienes ya no caben en el organigrama, pero que tampoco convienen como enemigos. Un limbo diplomático con viáticos, una ...
En la política mexicana no hay despidos, sino “nuevas oportunidades de servicios”. Las embajadas se han convertido en lugares donde van a parar quienes ya no caben en el organigrama, pero que tampoco convienen como enemigos. Un limbo diplomático con viáticos, una salida decorosa para los leales, los tránsfugas que abandonaron su partido a tiempo o los incómodos que saben demasiado y que es mejor enviarlos donde no puedan hacer daño.
Es una especie de programa de reubicación de lujo en el que calificó con honores el exfiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero.
No importa si fue desaseado el proceso que lo forzó a renunciar, tampoco si fue estrictamente legal, lo realmente relevante es que ya era un muy incómodo para el gobierno federal encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum. El problema no era la autonomía de la FGR, que en teoría debía funcionar así, sino que había independencia absoluta para ignorar las prioridades del Ejecutivo.
En la administración de Gertz los casos como Ayotzinapa, Odebrecht y la Estafa Maestra se fosilizaron en los archivos, mientras que el único caso que avanzó con eficiencia suiza fue el de su familia política, 528 días tuvo presa a su sobrina política por un delito que la Suprema Corte determinó que ni siquiera existía. La Fiscalía funcionó como franquicia personal.
Se dice que la gota que derramó el vaso fue ocultarle a la Presidenta el trato de testigo protegido de Raúl Rocha, dueño de Miss Universo. Sin embargo, ese vaso llevaba meses llenándose, gota a gota, desplante a desplante, hasta que simplemente ya no cabía ni una filtración más.
El circo del relevo merece capítulo aparte, rumores durante el día, sesiones extraordinarias sin orden, recesos interminables que nadie explicaba. Los senadores despistados sin entender nada, como invitados que llegaban a la fiesta equivocada. Todo esto (mal) operado por el senador Adán Augusto López, quien seguramente se sintió nuevamente útil después de meses de sequía protagónica. Lo que quedó claro es que cuando se quiere sacar a alguien los procedimientos constitucionales se vuelven sugerencias amables y los formalismos son trámites que se resuelven con un “después lo afinamos”. La institucionalidad puede esperar; la urgencia política, no.
Ahora al frente de la Fiscalía, por lo pronto como encargada, llegó Ernestina Godoy, dejando claro que la mandataria lo que quiere es coordinación, que la FGR y la secretaria de Seguridad se hablen, compartan información y trabajen como si pertenecieran al mismo país y partido. Sheinbaum seguramente ya no quiso tenerle que rogar al fiscal que atendiera los asuntos urgentes mientras él consultaba su agenda para hacer “un huequito”.
Godoy llega también con su propio álbum de recuerdos memorables, como las acusaciones de espionaje telefónico a opositores publicadas por el New York Times, señalamiento de plagio en su tesis de licenciatura y por supuesto que el Congreso de la CDMX le negó la ratificación en enero de 2024 por acumulación de controversias. Eso, sin embargo, fue en las ligas menores. Ahora juega en la grande, donde los escándalos se llaman “experiencia” y los cuestionamientos, “campañas de desprestigio orquestadas por los adversarios”.
Ojalá la apuesta de la Presidenta sea exitosa y que el costo de enterrar la alguna vez soñada autonomía de la FGR valga la pena; porque lo que se gane en coordinación se perderá en credibilidad institucional. La Fiscalía autónoma era un experimento que nació cojo con Gertz y que ahora muere sin que nadie le llore demasiado, porque tampoco había nada que celebrar.
