¿Por qué Presidenta, por qué?

Andrés Manuel López Obrador fue un maestro del discurso moral. Hizo de la lucha contra la corrupción su bandera, la cual entró al imaginario colectivo como mantequilla. Cuando Morena llegó al poder esa corrupción no se erradicó, sólo cambió de partido. Además del ...

Andrés Manuel López Obrador fue un maestro del discurso moral. Hizo de la lucha contra la corrupción su bandera, la cual entró al imaginario colectivo como mantequilla. Cuando Morena llegó al poder esa corrupción no se erradicó, sólo cambió de partido.

Además del discurso, el expresidente armó un mantra pegajoso: “no mentir, no robar, no traicionar”. Sin embargo, ese eslogan morenista hizo aguas en un solo acto, el nombramiento de Hugo López-Gatell como representante de México ante la Organización Mundial de la Salud, un cargo que no existía, se lo crearon.

López-Gatell mintió con datos, manipuló proyecciones, minimizó la crisis y bajo su mando como subsecretario de Salud, el sistema colapsó como nunca y ¿qué mayor traición al pueblo que banalizar la muerte de más de 800 mil personas durante la pandemia?

Por eso, a la ya clásica triada de la 4T habría que añadir: “no castigar” y “premiar al incompetente, pero leal”, porque eso es lo que representa ese nombramiento, un homenaje a la obediencia ciega, no a la capacidad. Una recompensa a quien fue vocero oficial de la negación, del triunfalismo; el rostro dócil de una estrategia fallida, el que decía exactamente lo que querían escuchar en Palacio, aunque la realidad gritara lo contrario.

La tragedia no sólo fue el nombramiento, sino la defensa que Claudia Sheinbaum hizo ante la andanada de críticas, reivindicándolo y diciendo que era un gran profesionista (¿en qué exactamente?). Entonces más de uno se llevó las manos a la cabeza, ¿por qué, Presidenta, por qué?, ¿por qué cargar con esta mancha en su currículo político?, ¿quién la presionó? ¿quién la obligó a poner el sello oficial en semejante dislate?, ¿quién le dijo que eso era buena idea? ¿fue un lapsus? La gente puede entenderlo, eso de levantarse tan de mañana todos los días no es bueno para la salud.

Las teorías sobre lo que pudo haber detrás del nombramiento no se hicieron esperar, que si fue petición del expresidente, que si no quería tenerlo cerca (aunque justo para eso hay embajadas y consulados en países remotos) o que creyó sinceramente en su valía como científico, lo cual resultaría francamente preocupante.

Lo cierto es que López-Gatell representa todo lo que supuestamente se quería erradicar: la arrogancia mal disfrazada de humanismo, el desdén por la evidencia, la gestión basada en ego y no en ciencia y, sobre todo, el desprecio por las víctimas y los muertos. Nunca reconoció fallas, nunca pidió perdón y ahora lo mandan de emisario ¡a la OMS! ¿qué culpa tiene la Organización? ¿qué mal les ha hecho?

A López-Gatell lo están premiando por haber sido el títere del expresidente, lo que recuerda el caso de Alberto Bazbaz, el procurador del Estado de México que investigó el caso Paulette, concluyendo que la niña había estado todo el tiempo en su cama sin que nadie la viera. Renunció después del escándalo y el ridículo, se convirtió en el pararrayos de las críticas y le quitó presión al entonces gobernador Enrique Peña Nieto. Luego reapareció, premiado, como titular de la Unidad de Inteligencia Financiera cuando Peña Nieto fue presidente.

Decían que “no son iguales”, pero a estas alturas, las coincidencias en el modus operandi ya son escandalosas. La impunidad como mérito, la obediencia como única credencial y el cinismo como parte de la política de Estado.

La historia dirá si fue un error de cálculo, un gesto de lealtad mal entendida o un acto de fe. Lo cierto es que la luna de miel con la sensatez ya tuvo su primer pleito fuerte, y lo protagonizó un hombre que decía que la curva de la pandemia se aplanaría “en unos quince días más”.

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