No somos piñata (pero sí lavadora)
Ya se sabe, en México no pasa nada, nunca. Aquí la paz reina, la democracia florece, el narco no existe y el sistema financiero es impoluto. Por eso, cada vez que hay un escándalo que huele a peligro, a dólares manchados y a fentanilo Made in Sinaloa, las noticias no ...
Ya se sabe, en México no pasa nada, nunca. Aquí la paz reina, la democracia florece, el narco no existe y el sistema financiero es impoluto. Por eso, cada vez que hay un escándalo que huele a peligro, a dólares manchados y a fentanilo Made in Sinaloa, las noticias no salen de Palacio Nacional, de la Unidad de Inteligencia Financiara o la Fiscalía General de la República, sino del otro lado del río Bravo. Cualquiera diría que allá sí investigan y se meten con quien sea, mientras que aquí todo es político, todo es persecución y todo es culpa de Calderón.
En la semana, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, a través de su unidad de control de delitos financieros conocida como FinCEN soltó una bomba al identificar a las instituciones financieras CIBanco, Intercam y Vector Casa de Bolsa “como fuentes de preocupación principal en materia de lavado de dinero en relación con el tráfico ilícito de opioides”. Es decir, las agarraron con las manos en la lavadora.
Ahora resulta que la verdadera oposición no son el PRI, el PAN ni Movimiento Ciudadano, sino Washington. Es el Departamento del Tesoro el que anda saboteando la narrativa de éxito y transparencia que tanto presume el gobierno de Claudia Sheinbaum.
Ante este nuevo revuelo, empezaron las piruetas con triple salto mortal y la Presidenta señaló que no les había enviado ninguna evidencia que indicara que hay lavado de dinero #ternurita. Ahora resulta que solicitan pruebas… esas cosas incómodas que nunca piden cuando se trata de detractores, opositores y críticos. En esos casos se les cree hasta si un loro los acusa, pero claro, si el país vecino señala una red de lavado de dinero vinculada al narco y toma las primeras acciones contra las instituciones y personas, casualmente vinculadas a la 4T, entonces sí se requiere demostraciones contundentes de culpabilidad.
Seguramente en Estados Unidos soltaron la carcajada y pensaron que el gobierno mexicano no entiende que no entiende (The Economist dixit). Si ya hasta la fiscal general de Estados Unidos, Pam Bondi, incluyó al país en la lista de adversarios políticos. Por eso no les van a compartir ni la hora, no es falta de voluntad sino falta de confianza. Eso no va a cambiar a pesar de que en Palacio Nacional no se cansen de decir que la relación bilateral es de colaboración.
Eso sí, para no desperdiciar la oportunidad de convertir el problema en eslogan, la 4T encontró una veta política. En un ataque súbito de orgullo nacional Sheinbaum declaró que “¡México no es piñata de nadie! Porque en Estados Unidos el próximo año va a haber elecciones para muchos gobiernos estatales, entonces que se dediquen a hablar de su país, que bastantes problemas tiene, que no utilicen a México para hacer campaña”. Traducción: no hay crimen ni delito, todo es culpa del proceso electoral.
El punto más sensible de esta historia que empezó, pero que le falta mucho para que termine, es Vector Casa de Bolsa porque toca a Alfonso Romo, exjefe de Oficina de la Presidencia con Andrés Manuel López Obrador. Una parte de las supuestas transacciones ocurrieron justo cuando Romo formaba parte de su círculo cercano, lo que convierte a este escándalo no sólo en un problema legal, sino también en una grieta directa en el corazón moral del obradorismo y, por consiguiente, de su sucesora.
Estados Unidos sigue dando manotazos en la mesa, con nombre, apellidos y razón social. En cambio, el gobierno sigue atrapado en pedir pruebas, invocar a la soberanía, repetir que no se protege a nadie y hasta sugerir que todo es parte de un complot electoral estadunidense. No cabe duda, mientras unos limpian el dinero, otros siguen lavándose las manos.
