Este 1ro de septiembre, la Presidenta abrió su Segundo Informe de Gobierno señalando que los servidores públicos de la 4T están obligados a conducirse con sencillez y humildad. Apenas se estaba procesando su mensaje cuando la secretaria de Turismo, Josefina Rodríguez, tuvo que explicar sus bienes de lujo, y el titular de Birmex, Carlos Ulloa, hacía lo propio con propiedades difíciles de conciliar con su sueldo.
Esta columna no pretende enumerar todas las veces que Claudia Sheinbaum ha llamado a la austeridad ni las ocasiones en que sus correligionarios han decidido ignorarla. Bastan unos cuantos ejemplos para evidenciar la distancia entre el discurso y la práctica porque, según sus propias explicaciones, la recién estrenada riqueza siempre proviene de años de esfuerzo, herencias familiares y oportunísimas donaciones.
El 9 de octubre de 2024, apenas estrenando gobierno, Sheinbaum explicó que la austeridad significaba erradicar corrupción y lujos y que el servidor público debía vivir en la justa medianía. El 6 de noviembre volvió el asunto, a propósito de la fastuosa boda del entonces secretario de Movilidad mexiquense, Daniel Sibaja. Días después, Ricardo Monreal confirmó que viajaba en helicóptero privado, cortesía del diputado Pedro Haces.
En abril de 2025, la mandataria pensó que tal vez el problema era de comprensión lectora y anunció que escribiría una carta a Morena para explicar que no era buen ejemplo andar viajando, comiendo en restaurantes caros, usando camionetotas o vistiendo marcas costosas. El 4 de mayo, la misiva llegó al Consejo Nacional y éste aprobó por unanimidad los 34 lineamientos contra la joyería, la ropa de diseñador, los aviones privados, las camionetas blindadas y el turismo de lujo, aunque el aplauso fue unánime, el cumplimiento ha sido opcional.
En julio, Andy López Beltrán andaba en Tokio, disfrutando de un hotel de lujo y de sus visitas por Prada. Ricardo Monreal contemplaba Madrid desde el Rosewood Villa Magna, y Mario Delgado desayunaba en la Pousada de Lisboa.
Sheinbaum insistió el 25 de julio, señalando que “hay que ser austeros” y “el poder es humildad”. Dos días después volvió a hablar de justa medianía y el 11 de agosto repitió la dosis. Para entonces, Sergio Gutiérrez Luna y su esposa, la diputada Diana Karina Barreras, conocida como Dato Protegido, enfrentaban cuestionamientos por ropa, joyería y accesorios de lujo. Ese mismo mes, Gerardo Fernández Noroña aceptó su casa de 12 millones en Tepoztlán y aclaró que la austeridad era política pública y no una obligación personal.
En mayo, José Ramón López Beltrán fue captado de compras en Cartier de Cancún; el alcalde morenista de Chignahuapan Juan Rivera celebró los XV de su hija en una lujosa hacienda, y a los hijos de Rubén Rocha se les atribuyeron vuelos en jet privado.
Llegó el Mundial y Ariadna Montiel, presidenta de Morena, pidió que ningún militante apareciera en las gradas con boletos de 120 mil pesos. Como era previsible, varios cuadros guindas decidieron no perderse la emoción del futbol, entre ellos, los diputados Javier Taja y Cuauhtemoc Blanco, el senador Miguel Ángel Yúñez Márquez y las alcaldesas morenistas Juana Carrillo y Valeria Rosales. Agosto trajo una versión con turbinas, pues quedó en evidencia que, para la gobernadora de Quintana Roo, Mara Lezama, los vuelos privados son su medio de transporte cotidiano.
Ya se perdió la cuenta de cuántas veces Sheinbaum ha pedido humildad, sencillez y austeridad. Muchos morenistas siguen actuando como si esos llamados no fueran para ellos y, mientras desobedecer no les cueste nada, la factura política seguirá llegando a la Presidenta.
