#ConLasVacacionesNo

Hay maneras y maneras de defenderse en la política. Algunos optan por el fuero, otros por los tribunales y algunos más prefieren escribir cartas a la nación. Andy, decidió tomar la pluma para explicarle al pueblo de México por qué apareció en Japón con cara de ...

Hay maneras y maneras de defenderse en la política. Algunos optan por el fuero, otros por los tribunales y algunos más prefieren escribir cartas a la nación. Andy, decidió tomar la pluma para explicarle al pueblo de México por qué apareció en Japón con cara de “sí, es Prada, ¿y qué?”.

La misiva, dirigida a la opinión pública y a los militantes de Morena, es una obra maestra del realismo mágico que pasará a los archivos de la 4T como el primer manifiesto de turismo revolucionario con desayuno incluido.

Comienza con una declaración que merecería marco dorado: “Con mis propios recursos decidí salir de vacaciones a Japón luego de extenuantes jornadas de trabajo”. El hijo del austericidio decidió ir a Japón a relajarse después del trabajo de lo que sea que haga un secretario de Organización, sobre todo porque en plazas como Durango y Veracruz los resultados fueron tan pobres para Morena que más que descanso pareció una fuga estratégica.

Luego detalló “me trasladé a Seattle, Washington, y después de una escala de un día tomé un vuelo comercial con destino a Tokio” ¡Que alivio! Porque todos pensaban que había viajado en dragón, pero no, se trató de un trayecto tan mundano como ir de Toluca a Metepec, sólo que con un océano de por medio y, muy probablemente, clase business.

Acto seguido retó, “mis adversarios y los hipócritas conservadores… mandaron a sus espías a fotografiarme y acosarme”. Ante semejante acusación, cabe recordar que la regla de oro de la vida pública es simple: si no quiere que lo fotografíen haciendo algo, no lo haga. Diputado, si no quiere que lo saquen durmiendo en la sesión, no se duerma; legislador, legisladora si no quiere que revelen que usa artículos de lujo, no los use; dirigente morenista, si no quiere que lo ventilen en un hotel caro comprando en tiendas de lujo, pues no les dé motivos a sus detractores.

Más adelante, vino un acto de pura transparencia y honestidad: “Viaje en aerolíneas comerciales y pagué 7,500 pesos diarios en un hotel, incluido el desayuno” suponiendo sin conceder que así fue, el morenista se gastó diariamente casi un salario mínimo mensual.

Siguió el ya clásico: “No somos iguales. Nosotros no somos corruptos”. Aquí el problema no es si son iguales o no, que ya han demostrado que en muchas cosas parecen siameses, sino la hipocresía del discurso. Además, en algo sí se diferencian ahora: viajan, se hospedan y compran mejor.

Después llegó la parte conmovedora, de ésa que invita a sacar el pañuelo: “Desde niño aprendí… que el poder es humildad, que la austeridad es un asunto de principios y que se debe vivir en la justa medianía”. Una lección que se aprecia mejor entre templos milenarios y jardines Zen.

El clímax donde el lector ya no pudo contener las lágrimas fue un “siempre valdrá la pena, y no es en vano, pagar una cuota de humillación cuando se lucha por una causa justa”. Japón como campo de batalla, sushi como trinchera y un onsen como cuartel de mando. La lucha de Andy por los valores de la 4T no se libra en la sierra de Guerrero, eso es para mortales, sino en las calles de Shibuya. Que no diga que los próceres de esta nueva etapa no saben sufrir.

La gran ironía es que, en su intento de limpiar la imagen, terminó confirmando que la austeridad republicana es un traje que se pone y se quita según la ocasión. La 4T lleva años vendiendo la idea de que el lujo es pecado, el exceso traición y que el verdadero pueblo bueno es aquél que desayuna en fonda y duerme en catre; hasta que el revolucionario tiene millas acumuladas y ganas de comprar en Ginza.

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