Aaarrancan
Los ciudadanos no tienen ni idea qué hacen los jueces, aunque, siendo honestos, ellos tampoco.
Hoy comienza la campaña más surrealista desde que a alguien se le ocurrió vender la democracia en pagos chiquitos y sin intereses: la elección judicial. Más de tres mil 400 candidatos a jueces, magistrados y ministros saldrán a buscar sus cinco minutos de fama para convencer al electorado de que son los mejores para administrar la justicia y lo harán sin spots en medios, sin espectaculares y sin mítines. Lo único que les queda es repartir volantes como si ofrecieran tacos al pastor y volverse virales en TikTok, abrir un canal en YouTube o rezarle al algoritmo. La ministra Loretta Ortiz ya presumió que adoptó una perrita; no sería raro que pronto los demás candidatos salgan rescatando gatitos, plantando árboles o haciendo retos virales: “¡Dale like si quieres que interprete la ley a tu favor!”.
Porque claro, no era suficiente con votar por políticos que nadie conoce, ahora las y los mexicanos también elegirán jueces que jamás han visto, de los que no tienen ni idea qué hacen, aunque, siendo honestos, ellos tampoco. Muchos ni siquiera sabían en qué circuito o materia competirían hasta hace una semana. ¡Viva la democracia participativa!
Entre los aspirantes hay desde abogados de narcos, jueces con sanciones administrativas, candidatos acusados de portar armas, otros con antecedentes de posesión de drogas y hasta un ministro de La Luz del Mundo. Lo mejor de todo es que todos pasaron los filtros de “idoneidad”, porque aquí lo importante no es tener buena reputación, sino saber ampararse bien o tener un buen padrino que permitió que llegaran a la siguiente etapa.
Los actos anticipados de campaña, como siempre, han sido parte del proceso. Las ministras Loretta Ortiz, Yasmín Esquivel y Lenia Batres llevan meses en plena gira nacional, posando, opinando, abrazando jóvenes y sonriendo en entrevistas, pero el INE, como acostumbra, mirando hacia otro lado mientras sopla el café.
Por cierto, la autoridad electoral informó que cinco entidades federativas, todas gobernadas por Morena y muy “comprometidas con el ahorro” (al grado de no soltar ni un peso), están en riesgo alto de no poder organizar la elección. Colima, por ejemplo, pidió una ampliación presupuestal y apenas le alcanzó para comprar clips y café soluble. Zacatecas, que ya le debe hasta a la tortillería de la esquina, tendrá que endeudarse todavía más si quiere poner casillas. La democracia sale cara, pero la improvisación democrática sale carísima.
Los distritos judiciales fueron definidos con tanta prisa y caos que más que una estrategia electoral parece el resultado de una junta vecinal improvisada. La representatividad es escasa, la equidad brilla por su ausencia y los plazos fueron tan apretados que el INE tuvo que armar lineamientos como quien intenta ensamblar un mueble de dos mil piezas sin instructivo y con un solo tornillo.
La consejera presidenta del INE, Guadalupe Taddei, ya adelantó que el promedio estimado para que una persona emita su voto será de entre nueve y 10 minutos, desde que entra y sale de la casilla. Con ese panorama, no es de extrañar que Taddei también haya reconocido que se espera una participación ciudadana de entre el ocho y el 15 por ciento, un entusiasmo tan contagioso como la asistencia a una conferencia sobre jurisprudencia en viernes por la tarde.
¿Quién ganará? Una pista puede ser que el límite de gasto en campaña se elevó por orden del Tribunal Electoral, lo cual favorecerá, spoiler alert, a los más ricos, los más conocidos, o los que tienen más bots a su servicio. Así, lo que se suponía sería un avance democrático se convierte en una comedia institucional, donde la justicia se juega en el terreno de los memes y las fake news.
