Los mexicanos (y sus gobiernos) son muy caballerosos
Gobiernos y legisladores le apuestan a la caballerosidad mexicana, esa que no tiene memoria.

Vianey Esquinca
La inmaculada percepción
Nadie puede negar que los mexicanos son nobles, con un gran corazón de pollo. El pasado miércoles se demostró, además, que son de perdón fácil. La Selección Mexicana jugó contra Nueva Zelanda y le ganó. El país se semi-paralizó para ver el partido y celebrar cada gol como si se estuviera goleando a la selección brasileña, española o alemana.
La Presidencia de la República distribuyó una fotografía donde se veía celebrando al presidente Enrique Peña Nieto con su esposa Angélica Rivera y colaboradores cercanos; los diputados hicieron un receso en la discusión del Presupuesto de Egresos 2014 para ver el partido desde sus oficinas o desde diversas salas de conferencias; oficinas públicas y privadas hicieron lo propio y se festejó, vaya que se festejó el triunfo.
No importó que a la selección de Nueva Zelanda le hubieran ganado igual las Chivas o los Pumas, o cualquier equipo llanero. Con el triunfo también llegó el perdón. Una encuesta del Gabinete de Comunicación Estratégica, aplicada el 8 de noviembre, señalaba que el 55.2% opinó que el Tri no merecía ir al mundial de Brasil, contra un 43.5% que dijo lo contrario. GCE levantó otra encuesta inmediatamente después del partido contra Nueva Zelanda a las personas que asistieron al partido en el Estadio Azteca. El 95.53% aprobó el desempeño del director técnico Miguel Herrera; el 98.25% aprobó el trabajo de la Selección Mexicana y el 48.64% consideró que Oribe Peralta fue el mejor jugador. Las redes sociales también opinaron lo mismo y, embriagados por la felicidad, hasta guapo lo vieron, haciéndolo acreedor del hashtag #MasHermosoQueOribePeralta.
El triunfo ahí estaba y el éxtasis era total. Éxtasis de los patrocinadores y de las televisoras que la vieron cerca. Éxtasis de la Federación Mexicana de Futbol y éxtasis de millones de mexicanos a los que les cayó esa buena noticia como un placebo en medio de tanta información negativa relacionada con la seguridad y economía. Sí, la Selección Mexicana está a un paso de pasar en el repechaje, de repechito, al Mundial; pero como dirían los clásicos, “haiga sido como haiga sido” nos vamos a Brasil.
Los mexicanos, en ocasiones, por conveniencia, son muy caballerosos porque no tienen memoria. El problema es que las autoridades, cuando les conviene, también lo son.
Por ejemplo, parece que a la Secretaría de Relaciones Exteriores ya se le olvidó que el país todavía está esperando la explicación del gobierno de Estados Unidos sobre el espionaje que llevó a cabo en contra de Enrique Peña Nieto cuando era candidato presidencial y el ex presidente Felipe Calderón. Ahora, además, ya se pidió otra explicación para que el gobierno de Venezuela aclare el misterioso caso del avión con matrícula mexicana derribado en ese país sudamericano.
Las autoridades han olvidado (y todo indica que perdonado) que se han levantado denuncias contra integrantes de la CNTE por desmanes y destrozos en distintas oficinas gubernamentales, incluyendo San Lázaro. No sólo eso, le han extendido la mano amiga a través de infinitas mesas de negociación. Lo bueno es que la Secretaría de Gobernación ya dijo que ahora sí ya son las últimas horas de diálogo con los maestros, la mala es que no dijo exactamente cuántas serían esas últimas horas.
Sucede en todos los gobiernos. Cuando Fausto Vallejo regresó al gobierno de Michoacán, el entonces gobernante interino, Jesús Reyna, dijo que no volvería al gobierno. Vallejo señaló que había cosas que se dejaron de hacer y que por eso se había desatado aún más la violencia en la entidad. Bastaron unos guiños para olvidar y perdonar y, en menos de lo que canta un gallo, Reyna regresó al gobierno y Vallejo lo recibió con los brazos abiertos.
Gobiernos y legisladores le apuestan a la caballerosidad mexicana, esa que no tiene memoria, y desean que sean más caballerosos que nunca en época electoral. Sin embargo, los políticos no deberían confiarse tanto, ya que se ha demostrado en varias elecciones que los mexicanos están dispuestos a perdonar, sólo a los de la Selección Nacional.