¡Las mujeres, sus derechos y nada menos!
Mónica Aralí Soto Fregoso* Cuando tengo la oportunidad de hablar sobre los derechos de las mujeres, refiero la frase: “Los hombres, sus derechos y nada más. Las mujeres, sus derechos y nada menos”, de Susan B. Anthony, una sufragista y pionera en la defensa y ...
Mónica Aralí Soto Fregoso*
Cuando tengo la oportunidad de hablar sobre los derechos de las mujeres, refiero la frase: “Los hombres, sus derechos y nada más. Las mujeres, sus derechos y nada menos”, de Susan B. Anthony, una sufragista y pionera en la defensa y activismo por los derechos humanos y los derechos políticos de las mujeres. Cada vez que leo o pronuncio este mandamiento humano, me convenzo de que guarda la llave de la democracia sustantiva: la igualdad plena entre mujeres y hombres.
Nada más y nada menos, refleja con toda nitidez la esencia de la justicia, la balanza que nos da el equilibrio y la armonía para el libre desarrollo de una sociedad plena en donde la participación de todas y todos en los asuntos que los involucran, como son los públicos, sea en condiciones de igualdad.
Si bien es cierto que hoy nos encontramos ante un escenario nuevo, con la más alta representación de mujeres en el Congreso de la Unión, mujeres ciudadanas, activas y comprometidas con su responsabilidad republicana de generar, a través de su quehacer legislativo, coordinado con sus pares, condiciones propicias para el ejercicio pleno de los derechos políticos de las mexicanas y los mexicanos.
Empero, esta realidad contrasta con la participación de las mujeres en otros espacios públicos de toma de decisiones, en donde se evidencia una subrepresentación de las mismas; actualmente ninguna mujer se desempeña como gobernadora de una entidad federativa; los congresos locales tienen una baja representación, los municipios, los poderes judiciales y cargos en la administración pública, tanto a nivel federal como local; hoy día, ningún partido político nacional está presidido por una mujer.
Una sociedad democrática valora y exige la participación y contribución de todas y todos para la construcción de un Estado de derecho sólido; para ello se requiere que los derechos políticos de votar, ser votado, reunión y asociación sean conocidos, aprehendidos, ejercidos y defendidos por mujeres y hombres. En democracia, el ejercicio de los derechos políticos de las mujeres no se contrapone ni compite con el goce de los derechos políticos de los hombres; es un requisito sine qua non para su consolidación.
Para proteger estos derechos ha sido necesaria la implementación de medidas especiales y temporales, destinadas a acelerar el equilibrio en la participación política de las mujeres, sin que ello menoscabe el ejercicio de los derechos políticos de los varones; ejemplo de ello son las acciones positivas como las cuotas de género, que, sin ser una solución a la problemática per se, sí constituyen una herramienta efectiva para arribar a buen puerto.
De igual manera, la interpretación del derecho con perspectiva de género representa una acción afirmativa que permite evaluar y enderezar, en su caso, el efecto diferenciado de la aplicación de una norma en sí misma, que puede generar desventajas y discriminación para una de las partes.
La participación de las mujeres en la política no sólo es un derecho, es una obligación ciudadana. La información, visibilización y reconocimiento del trabajo y logros de las mujeres, sin duda, contribuirá a eliminar barreras visibles e invisibles que retrasan el disfrute pleno de sus derechos humanos.
* Magistrada Numeraria del Tribunal Estatal Electoral de Baja California Sur.
