Ábaco

Silvano Espíndola

Silvano Espíndola

Ornitorrinco

Educar no es sacar lo mejor de las personas, sino insistir hasta que el otro logre salir de sí y por sí mismo; en otras palabras, colaborar para que el sujeto despliegue sus propios valores y virtudes. Sócrates lo sabía, y por eso su método contemplaba la mayéutica (del griego maieutiké o arte de auxiliar en los partos) que, simplificando mucho, puede describirse como un procedimiento para ayudar a alcanzar la verdad y el conocimiento mediante preguntas más que mediante respuestas. Con su método se transforma el objetivo de la enseñanza, pasando de la mera transmisión de información a la formación del juicio. Es por esto que muchos lo consideramos uno de los mayores educadores de la historia.

Teniendo lo anterior en mente, pondérese ahora la idoneidad de haber introducido la calculadora en el sistema educativo. Dicha máquina facilita, acelera y brinda resultados fiables de los cómputos, pero no necesariamente demanda un desarrollo intelectual. El uso del ábaco, que propiamente hablando es otra máquina, sería más propio del ámbito formativo, porque hace visible la estructura decimal, el agrupamiento y el intercambio entre unidades, decenas y centenas, es decir, permite comprender verdades matemáticas. Si se está de acuerdo con lo anterior, se está concediendo implícitamente que el objetivo de la educación es aprehender la verdad del conocimiento (matemático, en este ejemplo específico) y, por consiguiente, que lo que lleve a dicha comprensión es favorable, y lo que aleje de ella, contraproducente. Por ello, debe privilegiarse el cultivo de las capacidades intelectuales de abstracción, razonamiento, resolución de problemas y demostración, por encima de la mera instrucción para el uso eficiente de herramientas (de ábacos a superordenadores) ni siquiera de software de cómputo (de Excel a Wolfram Mathematica), porque lo que estaría haciendo el sistema educativo en tal caso sería capacitar maquinistas en lugar de formar personas.

Actualmente, se está construyendo una iniciativa nacional para regular celulares y otras tecnologías digitales en escuelas. La SEP informó recientemente que 81% de los maestros que respondieron a una encuesta aplicada a nivel nacional está de acuerdo en que se establezcan reglas para el uso de celulares en el sistema educativo. A esta cifra se pueden añadir otras que ilustran el sentir general con respecto al uso de algunas tecnologías en las escuelas. De acuerdo con el gobierno federal, 16 entidades mexicanas ya cuentan con regulaciones o restricciones vigentes en planteles escolares, y fuera del país la situación es semejante: el seguimiento que hace el Global Education Monitoring Report de la UNESCO muestra que la cantidad de sistemas educativos con alguna prohibición sobre el uso de teléfonos móviles en las escuelas se ha ido incrementando desde 2023 (24%) hasta 2026 (58%). Incluso, algunas universidades, como la de Chicago, han acordado que sus cursos troncales de ciencias sociales sean impartidos 100% analógicamente. Sin embargo, la mayoría de las regulaciones contemplan que se pueda utilizar tecnología cuando hay una finalidad pedagógica, de accesibilidad o de seguridad. Los principales argumentos para limitar esos dispositivos incluyen que su uso favorece la atención dividida, limita la interacción personal directa, favorece el hostigamiento, el acoso, los conflictos y que puede mermar la salud mental cuando genera dependencia, fatiga o inseguridad.

Lo que debemos decidir es si lo que queremos son personas competentes o sólo competitivas. Si es lo primero, habrá que ayudarles a desarrollar capacidad, conocimientos y autoridad para vivir la vida; si es lo segundo, pronto bastará con que puedan hacer consultas a cualquier inteligencia artificial.

CÁLCULO

La palabra procede del latín calculus, “piedrecilla”, dado que se empleaban pequeñas piedras en los ábacos para contar. Por eso, a las piedras en el riñón también se las nombra: cálculos renales.