El derecho a volver a casa

Serhii Pohoreltsev

Serhii Pohoreltsev

Café de Kyiv

Hoy, las calles y hogares de México se llenan de risas, colores y un compromiso renovado por proteger la alegría de los más pequeños. El 30 de abril es, en este generoso país, una fecha que nos recuerda que la infancia es el territorio más sagrado de la humanidad. Sin embargo, en este Café de Kyiv, mientras celebramos el Día del Niño en México, nos vemos obligados a hablar de una infancia a la que se le ha intentado arrebatar no sólo el juego, sino su propia identidad.

Para Ucrania, este día no puede celebrarse plenamente mientras enfrentamos una realidad estremecedora: 1.6 millones de niños ucranianos permanecen bajo el control de la Federación de Rusia, ya sea por haber sido deportados, trasladados por la fuerza o por encontrarse atrapados en los territorios temporalmente ocupados. No son sólo cifras, son vidas suspendidas. Actualmente, existen registros de 20,570 casos documentados de posible deportación y traslado forzoso, una herida abierta que desafía toda lógica humana y que constituye una violación flagrante de los Convenios de Ginebra.

Ante esta tragedia, el presidente Volodymyr Zelenskyy ha lanzado la iniciativa estratégica “Bring Kids Back UA”. Este plan integral busca localizar y repatriar a cada menor sustraído, garantizando su reintegración y protección. Hasta el momento, gracias a esfuerzos y la cooperación internacional, 2,120 niños han sido recuperados y devueltos a Ucrania, rescatados tanto de la deportación como de las zonas de ocupación. Cada uno de estos regresos es un triunfo de la vida sobre la barbarie, pero el camino por recorrer sigue siendo largo y doloroso.

En este contexto, quiero aprovechar la calidez y el liderazgo humanitario de México para hacer un llamado urgente: Ucrania mantiene la firme expectativa de la pronta adhesión de México a la Coalición Internacional para el Retorno de los Niños Ucranianos. La voz de México, que siempre se ha alzado en defensa de los más vulnerables, es vital para intensificar la presión internacional. La solidaridad mexicana puede ser el motor que devuelva la esperanza a miles de familias que hoy sólo desean volver a estar unidas.

A pesar del dolor, la niñez ucraniana nos sigue dando lecciones de dignidad. En las escuelas reconstruidas de Bucha e Irpín, o en los refugios de Járkiv, los niños siguen dibujando un mañana libre de miedos. Ellos son nuestra mayor motivación para construir un mundo donde el respeto al derecho ajeno sea la norma y no la excepción.

En este 30 de abril, mientras celebramos a los niños mexicanos, les invito a no olvidar a los niños de Ucrania. Porque proteger la infancia es la única forma de asegurar que el futuro de la humanidad sea un territorio de paz. Que el grito de “¡Feliz día!” sea también un firme compromiso para que recuperen su hogar.

*Embajador de Ucrania en México