Crimea y el principio juarista de soberanía

Serhii Pohoreltsev

Serhii Pohoreltsev

Café de Kyiv

Hay figuras históricas que trascienden las fronteras de su geografía y de su tiempo para convertirse en brújulas morales de la humanidad. En México, ese nombre es Benito Juárez. El sábado, el país se detiene para honrar la memoria del “Benemérito de las Américas”, y para un diplomático extranjero, es imposible no conmoverse ante la vigencia universal de su pensamiento. En este Café de Kyiv, víspera de una de las fechas más sagradas del calendario nacional mexicano, nos permitimos una pausa necesaria para rendir un homenaje profundo al hombre que dio voz a la aspiración más sagrada de cualquier nación: la de ser dueña absoluta de su propio destino.

Para un ucraniano, leer a Juárez hoy es experimentar un déjà vu histórico de una nitidez sobrecogedora. Su máxima imperecedera, “entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”, no es para nosotros un concepto abstracto; es la línea de fuego que hoy separa la civilización de la barbarie. Estas palabras son el cimiento del orden internacional que Rusia está intentando dinamitar al ignorar que, cuando se violenta el derecho ajeno, se destruye la única base de una convivencia global segura. No existe paz donde el respeto es sustituido por la imposición.

Esta lección juarista cobra una relevancia especial al recordar que la agresión actual no comenzó hace cuatro años, sino hace 12, con la ocupación de Crimea el 16 de marzo de 2014. Aquel acto fue el primer golpe devastador contra la soberanía ucraniana y el derecho internacional. La historia de México y la de Ucrania guardan un eco profundo en esta lucha por la autodeterminación. Así como Juárez resistió frente a imperios que pretendían tutelar el destino de los mexicanos, el pueblo ucraniano resiste hoy frente a una visión imperialista que se niega a aceptar que las naciones soberanas son entidades libres con voluntad propia.

Defender hoy la integridad territorial de Ucrania, incluyendo la península de Crimea, es, en esencia, ser fiel al testamento político juarista. No se puede clamar respeto por su legado y, al mismo tiempo, permanecer indiferente ante quien intenta redibujar fronteras mediante el uso de la pólvora. La paz que buscamos es una paz justa y duradera, la materialización del ideal del Benemérito: un orden donde el respeto mutuo garantice que ninguna nación, por pequeña que sea, deba vivir bajo la sombra del miedo o la tutela de un imperio.

En México, el respeto a la soberanía es una convicción que corre por las venas de su historia. Por ello, los ucranianos apelamos a esos mismos valores que Juárez consagró. Al igual que México en el siglo XIX, hemos decidido que nuestra historia la escribimos nosotros mismos con tinta de libertad y no con los dictados de un imperio expansivo. La resistencia de Kiev es la custodia del derecho de todos los pueblos a existir sin permiso de nadie.

Este 21 de marzo, mientras el pueblo mexicano celebra al hombre que forjó su patria bajo el fuego de la resistencia, en Ucrania saludaremos su memoria como propia. El espíritu de Benito Juárez seguirá vivo mientras existan naciones que luchen por su dignidad, recordándonos que la paz verdadera no es el silencio de los oprimidos, sino el resplandor de las leyes que protegen a los libres.

*Embajador de Ucrania en México