Me voy a salir un poco de mis temas habituales porque creo que este artículo tiene un tópico relevante. El humor es, a mi entender, uno de los grandes rasgos humanos, además que es un medicamento gratuito que relaja, hace reír y en muchos casos gusta al que lo proyecta y a muchos de sus oyentes.
Estoy ojeando un libro de caricaturas del catalán Mario Armengol, que recientemente tuvo una exposición en Barcelona. Tiene cientos de caricaturas que hizo durante el periodo de 1940-1945, tras huir de la guerra civil y exilarse en Inglaterra donde vivió el resto de su vida. Me puse a analizar su obra, notoriamente antinazi y contra el fascismo que le publicó la Foreign Office (Secretaria de Relaciones Exteriores) inglesa para animar a la población en su sufrimientos, bombas y muertos.
Me hice la primera pregunta: ¿Será cierto que las dictaduras de todo tipo o los regímenes autoritarios no tienen el sentido del humor imperante en las democracias?
No me refiero a ataques viciosos o crueles contra opositores, emanados del gobierno en turno ni de panfletos de propaganda, sino de artículos periodísticos, cómicos de bares, caricaturistas ingeniosos hasta programas de televisión o en las redes sociales.
Por dar ejemplos, en épocas de Stalin, Hitler, Mao, Pinochet, Franco y tantos otros dictadores, hasta la actualidad, no se toleraban las bromas contra los líderes y el hacerlo era muy riesgoso porque podían ser detenidos… o algo peor.
En México, durante la época priista, los caricaturistas y los rumores se presentaban y no había cómo callarlos. A Palillo lo multaban cada vez que soltaba la lengua contra el régimen, Abel Quezada tenía un humor muy fino para criticar y no le sucedió nada en su tiempo.
En la actualidad hay un grupo importante de artistas a favor y en contra del gobierno que sacan cartones y hay una relativa libertad de expresión, no sin oscuras excepciones. En Estados Unidos, el gobierno actual es más reactivo y cada rato demanda a periodistas, presentadores de televisión y otros por “difamar” o criticar a los personajes y últimamente se endureció buscando cancelar programas nocturnos con pretextos no muy convincentes.
Mi pensamiento es que se debe preservar la libertad de expresión al máximo y usar el humor es algo que es más efectivo que sendos ensayos escritos. Los medios en línea están cada vez más activos y, con frecuencia hay replicas, demandas penales y actos violentos. Claro que algunas veces se pasa al insulto o amenaza o es tan extremo el tema que causa enojo y dolor a gente inocente. Pero, en este milenio va a ser casi imposible vetar o prohibir algo, porque habrá otros canales que lo publiquen.
En resumen, desde el “radio pasillo” y los chismes populares antigubernamentales del siglo XX a los memes y otros medios modernos hay un enorme paso tecnológico, pero en esencia el mensaje es el mismo: burlarse de las autoridades y hacer reír a la población.
Coincido con los que dicen que ya se pasaron algunos mensajes de la raya, en lo ético, social o en las dichosas buenas costumbres que deben seguirse dando en la sociedad, pero el tapar la boca, censurar o eliminar a los humoristas políticos de los diferentes medios es peor, además que muy difícil de cumplir. Saldrán nuevas formas de comunicar y si no me creen, entren a cualquier red actual y comprueben que es un nuevo mundo. Hay que ejercer el buen juicio y cerrar actitudes nocivas y extremas donde se pueda.
Asesorías:
55 19929283
