Los últimos años hemos vivido un vertiginoso cambio a nivel mundial, con muchas turbulencias, violencia fratricida, delincuencia y populismo que ha desencantado a mayorías, por lo que estamos viendo un notorio giro en países clave hacia posiciones a veces autoritarias. En varios países occidentales de este continente y Europa, el desencanto ante problemas no resueltos y el propio nivel de vida hace que se radicalicen grandes segmentos de la población y opten por cambios de gobierno, aceptando nuevos lineamientos y los resultados están por verse en un futuro no inmediato. No soy político, pero siento que hay un terremoto en grandes partes del mundo, cuyas consecuencias son muy inciertas.
Regresando a las empresas familiares ya establecidas por décadas y que siguen siendo la base de nuestra sociedad, los cambios discontinuos, sin precedente, se están dando a una gran velocidad. El advenimiento y la revolución tecnológica que estamos viviendo está empezando a crear movimientos en las operaciones, dirección y control de muchas empresas, pero no sabemos a ciencia cierta su impacto.
Otro fenómeno muy importante, es la definición del crecimiento de una empresa familiar que, al evolucionar, requiere nuevas oportunidades para la familia dueña y sus colaboradores, así como adaptar su organización, estrategias y controles a una serie de escenarios muy cambiantes a corto plazo.
Siempre he sugerido a mis asesorados el hacer un plan estratégico integral a corto y mediano plazos (a largo plazo, o sea más de cinco años se requiere una bola de cristal, chamanes y espiritismo para atinarle). Veamos unos ingredientes de este plan:
a.- Familias involucradas. Al crecer la familia nuclear originaria se presentan diversas situaciones, agregando complejidad a una evolución lógica. Los descendientes pueden ser muy numerosos o, también he visto, la falta de herederos o su nulo interés en continuar con los planes del fundador(a) deben de tomarse muy en cuenta.
Otro fenómeno es las características generales (hay excepciones por supuesto) de los hijos(as) y otras generaciones, que tienen planes distintos y en algunos casos rechazan el seguir en la empresa inicial y buscan otras ocupaciones. O incluso adoptan desgraciadamente, una actitud comodina y esperan ser mantenidos por sus padres y abuelos y gozar de su vida. He tenido casos en los cuales ningún hijo-heredero quiso entrar como sucesor de su familia y al no haber alternativa aceptable, este próspero negocio se vendió y se repartió la herencia. También he visto que los impactos de la nueva tecnología hacen que los jóvenes estén muy preparados y con grandes ideas, pero rechacen el lugar, horario y las operaciones de su empresa y la quieran manejar “en línea” desde su home office. Estoy educado a la antigüita y creo que “al ojo del amo, engorda el caballo”, ni modo.
Otro factor que influye en las familias modernas (de clase media para arriba) es que estas personas están ansiosas de crear startup y volverse millonarios y descuidan los negocios de donde viene su flujo de efectivo. Cuando éste se acaba, se quedan pasmados.
Finalmente, las nuevas y válidas tendencias de cuidar el ambiente, comer sano, hacer meditación y ejercicio para vivir mejor están muy en boga, pero son parte complementaria a su actividad, porque de esos conceptos no se puede vivir. ¿O, tal vez sí?, es pregunta.
El presente está muy complejo, pero el futuro está muy poco definido.
Continuará...
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