Vamos con José Woldenberg
El enojo del Presidente creció cuando supo de la marcha.
Como es de conocimiento público, la pretensión de reformar la Constitución en materia electoral por parte del actual gobierno y su partido, Morena, para cambiar la forma de elegir a los consejeros electorales y a los representantes populares, generó una reacción de aversión de diversos sectores sociales, políticos, académicos, económicos y ciudadanos en general. De forma inmediata, las expresiones de rechazo recibieron una respuesta agresiva del Presidente de la República y de algunos personajes de la 4T: “Son racistas, clasistas e hipócritas”. Pero los adjetivos no lograron contener las críticas hacia la iniciativa, por el contrario, crecieron. Incluso, a mayor descalificación del Presidente en las conferencias matutinas, mayor interés hubo por analizar a fondo los radicales cambios que pretende hacer para desaparecer el actual Instituto Nacional Electoral y crear un órgano a su modo.
El enojo del Presidente creció cuando supo que se realizaría una marcha y que sería encabezada por el primer presidente del Instituto Federal Electoral: José Woldenberg. Fue entonces que acusó a éste de ser maestro del actual presidente del INE y volvió a repetir sus dos palabras favoritas que acostumbra usar en contra de otros personajes que no quiere, Enrique Krauze y Roger Bartra: “Intelectual orgánico”.
No se equivocó el presidente Andrés Manuel López Obrador, Woldenberg es maestro, pero no sólo de Lorenzo Córdoba. Para fortuna de cientos de estudiantes, es maestro de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Tampoco se equivocó al decir que es un intelectual, ha escrito un buen número de libros y ha realizado incontables investigaciones en torno a temas sobre democracia, sistemas políticos, etcétera. Sin embargo, hasta donde se sabe, no es intelectual “orgánico” porque, desafortunadamente, sus ideas no influyen en las decisiones del gobierno actual y su partido. Si así fuera, tal vez nunca se hubiera pensado en realizar la marcha del domingo 13, que partirá del Ángel de la Independencia a las 10:30 hrs.
Tal vez un gran número de personas que van a ir a la marcha lo harán porque están convencidos de los argumentos que han expresado algunos periodistas, académicos y analistas políticos en contra de la reforma electoral del Presidente de la República. Pero otros, más relacionados con el quehacer político, lo haremos porque estamos convencidos de que la reforma tiene el objetivo principal de eliminar la independencia del INE. Permitir que sometan al árbitro electoral significaría aceptar retroceder en la construcción de la democracia. La creación del INE y su independencia para organizar y calificar elecciones, fue producto de una larga lucha de varias generaciones, por la libertad política y ciudadana.
Lo he dicho en otros momentos en este espacio: someter a elección popular a los integrantes del INE, es convertirlos en actores políticos y despojarlos de la legitimidad para calificar las elecciones. La certeza de que la elección de los representantes populares se deriva de un proceso transparente, sólo se produce cuando hay confianza en los órganos que los organizan y califican. Cabe mencionar que, si bien es cierto, la marcha se va a realizar bajo el lema “El INE no se toca”, también es cierto que, la reforma también pretende someter a votación popular a los integrantes que conforman la Sala Superior del Tribunal Electoral y, desaparecer los órganos electorales locales. Además, hay otros asuntos en la iniciativa de reforma electoral que producen incertidumbre, por ejemplo, la falta de claridad de quién tendrá el control del padrón electoral y lo que implica el posible mal uso de los datos.
Ante estas circunstancias, no estaría por demás que el presidente López Obrador y Morena escucharan lo que el recién electo presidente Lula da Silva ha expresado que va a hacer en contra de Bolsonaro por atacar al órgano electoral, y de pasadita, también deberían poner atención sobre lo que pretende hacer respecto a la reducción del número de militares en Brasil. Nos vemos el domingo.
