Dice un dicho popular que “para que la cuña apriete tiene que ser del mismo palo”. El expresidente López Obrador aprovechó su estadía como presidente del PRD para destruirlo y construir un partido en donde sólo él tomara decisiones: Morena. Un partido con estructura vertical que creció vertiginosamente entre el 2018 y 2024 gracias al pragmatismo populista de su dirigente y de diversos actores políticos que abandonaron las filas del PAN, el PRI y del mismo PRD sólo para obtener o mantener espacios de poder político, ya sea para blindarse de posibles persecuciones de actos de corrupción, o porque vieron la oportunidad de ser representantes políticos sin tener ningún mérito para lograrlo por otra vía.
Destruido el PRD, los derroteros políticos de quienes se mantuvieron hasta el final fueron cerrándose. Algunos se sumaron a otros proyectos diferentes a Morena, otros buscaron alternativas de participación ciudadana o actividades académicas, pero otros no se dieron por vencidos, es el caso de un grupo de experredistas que lograron registrar el partido que originalmente tenía el nombre de Somos México y fue obligado a cambiarlo por Somos.
Somos nació del idealismo y del tesón de quienes tienen experiencia en el ámbito político, también de quienes encontraron en sus filas una opción viable de participación colectiva. Académicos, extrabajadores del Poder Judicial, exconsejeros electorales, estudiantes, exintegrantes de otros partidos políticos y ciudadanos se han unido a sus filas. Desde que inició la búsqueda de su registro, Somos ha enfrentado el combate de diversos actores de los tradicionales PRI y del PAN que en este momento se encuentran en una situación de emergentes y, quizás (sin ninguna razón, desde mi punto de vista), sienten amenazada su existencia política en la competencia electoral de 2027; pero, paradójicamente, Somos, también enfrenta la virulenta reacción de personajes de Morena y hasta de la propia presidenta de la República, Claudia Sheinbaum.
En diferentes circunstancias, el discurso ha convertido a Somos en el enemigo número uno del régimen de la Cuarta Transformación. Cuando la Fiscalía General de la República, encabezada por la experredista y morenista, Ernestina Godoy, detuvo al exgobernador de Guerrero, Ángel Aguirre, por presuntos hechos relacionados con el caso de los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, de inmediato los morenistas resaltaron los vínculos con su militancia o cercanía con Somos. Lo mismo hicieron cuando detuvieron y encarcelaron al exgobernador de Baja California, Ernesto Ruffo Appel, por presuntos hechos relacionados con huachicol, de inmediato, en el discurso, lo vincularon con Somos.
Hoy frente a los presuntos hechos de corrupción en el INE, el gobierno presentó una investigación (5 de noviembre), sobre las empresas de los hermanos Hernández Casillas, y la presidenta Sheinbaum sostuvo que la presunta red antecede a la expresidenta Guadalupe Taddei y se fortaleció durante la presidencia de Lorenzo Córdova, tratando de deslindar la responsabilidad de Morena en su nombramiento y la concentración de funciones que le otorgaron mediantes reformas legales. De la misma forma que lo hicieron con los exgobernadores, la misma Presidenta expuso los vínculos de Lorenzo con Somos.
La vinculación expuesta en este mismo caso, pasa también por Juan Carlos Padilla Aguilar, actual integrante de Somos y antiguo superior de uno de los empresarios involucrados en los señalamientos de corrupción. Padilla reconoció la relación laboral, pero afirmó que terminó en 1993 y negó contactos posteriores. Cualquier irregularidad debe esclarecerse, independientemente de quién resulte involucrado, sin embargo, hay una asimetría del discurso presidencial. Resulta políticamente cuestionable rechazar que el nombramiento de Taddei comprometa a Morena y, simultáneamente, utilizar una antigua relación laboral de uno de sus militantes para vincular a Somos con una presunta red de corrupción.
Frente a estos hechos, es clara la intención del uso político de los señalamientos de corrupción para desacreditar a Somos, pero a los ciudadanos no se les engaña. Para muestra basta mirar los resultados electorales del martes en Estados Unidos, los que hoy gobiernan pueden ser la minoría de mañana.
