Caminos bloqueados

Julio Faesler

Julio Faesler

Editorial

Es temporada de bloqueos. Estas marchas y manifestaciones que menudean atravesándose a nuestro paso en calles y avenidas de muchas ciudades son algo más que impedir la vía de acceso a personas y vehículos.

Tanto la economía como la política se encuentran bloqueadas por la incapacidad del gobierno de resolver problemas ingentes que se han acumulado y que son de crítico interés para amplios sectores. En lo económico, la inseguridad obliga a las empresas de toda dimensión a pagar los altos costos de protección en cada una de las etapas, desde la obtención de insumos de producción hasta la distribución del producto. La falta de apoyos financieros neutraliza el potencial de unidades pequeñas y medianas. El desprestigio bloquea los canales de inversión y la perversidad de las mafias bloquea los surcos  agrícolas. Por todos los ángulos la falta de un gobierno que provea los apoyos a la producción –sea industrial, agrícola o de servicios– frena la realización del potencial económico que de otra manera se desarrollaría. Están bloqueadas las perspectivas de ampliar el número de empresas contribuyentes que fortalecerían las finanzas públicas.

Igual está bloqueado el desarrollo político del país. La nulificación de todos los instrumentos jurídicos y administrativos creados en los últimos años para dar garantía y certidumbre a los actos de gobierno hace imposible la realización del imperio de la equidad  y justicia para todos en nuestro país. Cada uno de los instrumentos instalados en administraciones pasadas han sido alterados y sus propósitos desviados para conformarlos de acuerdo a la fisonomía socioeconómica nacional y al gusto de la dominante Morena. Bajo la capa de un izquierdismo de conveniencia  y sin un programa no hay más propósito en la desordenada gestión de Morena  que restar capacidad al sector privado, al que ha identificado como un pérfido empresariado, de participar en el diseño de una estructura basado en el desarrollo ordenado de los recursos del país.

El pueblo, en cuyo nombre se gobierna, está sobresaturado de noticias que saben falsas. El sistema de salud está quebrantado. Las recetas no se llenan por falta de material, las citas para cirugías de alto riesgo se tardan fatalmente. Los hospitales, dilapidados. En cuanto a la educación, las descuidadas estructuras escolares muestran el desvío de propósitos porque los sindicatos son usados como batallones de guerra electoral. Miles de maestros con largos años cumplidos en sus clases han sido esquilmados con el  escándalo del fraude maestro o con la supuesta rifa de un avión.

La población espera mejores perspectivas que esas situaciones y los programas de bienestar. Sabe que la obligación del gobierno es ofrecer los mejores servicios posibles con puntualidad y eficiencia. Es aquí donde se mostraría el éxito de la gobernanza.

Todos los bloqueos que aguanta el país son el resultado del propósito expresado desde el principio por su fundador al ver en la iniciativa privada el enemigo de la justicia social con la visión de un México dividido en defensores de los valores patrios o explotadores del pueblo.

No se necesita abundar más en los resultados de ocho años de destructiva actividad. Corregir el rumbo corre a cargo de las fuerzas que han de entrar en acción por la vía electoral en junio del año entrante. Al decir lo anterior hay que estar conscientes de que la democracia, cuyo espíritu invocamos, supone el respeto a la voluntad expresada en la urna electoral. Este elemento intrínseco abre las puertas del gobierno a individuos ajenos a la intención de obedecer los dictados del pueblo. 

No sólo son los resultados del ejercicio electoral, sino la intención de los actores. Nuestra experiencia apunta a que las asociaciones cívicas son parte esencial del proceso democrático moderno. Los partidos serán, sin duda alguna, otra vez totalmente responsables.

La enérgica preparación ya en curso del proceso de elección de la totalidad de la Cámara de Diputados es tarea que desde ahora requiere, además de profundo patriotismo y estricta disciplina, el respeto a las próximas elecciones que marcarán la vida cotidiana de cada ciudadano, especialmente los jóvenes.