Pobreza: ¿fracasó el gobierno?

El informe es muy concreto, pero contundente.

¿Qué factores evidencian el fracaso de un gobierno? Después de la pandemia, el 2022 es un año crucial para evaluar qué países lograron enfrentar con éxito la crisis que se generó. Uno de los factores determinantes para poder hacer esta evaluación es, sin lugar a dudas, la pobreza. Al respecto, el Banco Mundial acaba de presentar el informe: La Pobreza y la Prosperidad Compartida 2022. El documento contiene: 1) un diagnóstico sobre el crecimiento mundial de la pobreza como consecuencia de la pandemia; 2) un análisis sobre cómo algunos países lograron remontar la crisis y evitaron el empobrecimiento de sus poblaciones; 3) recomendaciones para los países que no han logrado esa resiliencia.

El informe es muy concreto, pero contundente. Entre los principales hallazgos están los siguientes: en 2019 creció la pobreza extrema un 8.4%, pero en 2020 fue de 9.3 por ciento. En número de personas, esto significa que, a finales de ese año de plena pandemia, había más de 70 millones de personas que habían caído en la pobreza extrema, con ello, sumaron más de 700 millones en todo el mundo. De esa forma y a partir del análisis sobre los países que han logrado superar la crisis y los que no, para finales de este 2022 se calcula que 685 millones de personas podrían seguir viviendo en la pobreza extrema.

¿A qué personas afectó más la caída? A las personas que vivían en los países más pobres. Ellos fueron los que más sufrieron las pérdidas de sus ingresos durante la pandemia: dos veces más elevadas que las de las más ricas, por lo que, después de varias décadas, la desigualdad mundial aumentó por primera vez. Esta desigualdad se tradujo en retrocesos en la salud (mortandad prematura) y la educación (pérdidas de aprendizaje). Después de la pandemia, las economías más ricas se recuperan mucho más rápido que las economías de ingreso bajo o mediano, esto trajo como consecuencia el alza del precio de alimentos y la energía (dos problemas muy presentes en la economía mexicana, a pesar del subsidio a la gasolina).

Ante estas circunstancias, el Banco Mundial (BM) recomienda impulsar políticas públicas para crecer, por ejemplo, en el caso de la reorientación del gasto, el BM recomienda que se deberían evitar los subsidios generales y aumentar las transferencias monetarias focalizadas. También sugiere que la inversión pública debería incrementarse para respaldar el desarrollo a largo plazo, por ejemplo, realizar sin demoras inversiones de alta rentabilidad en educación, investigación y desarrollo, y en proyectos de infraestructura. Contrariamente, en México, estos son los rubros más afectados en el presupuesto 2023, frente al incremento de recursos que recibirán la Secretaría del Bienestar y las instituciones relacionadas con la seguridad pública. Otra recomendación se refiere a que la movilización de ingresos no debería perjudicar a los más pobres, por lo tanto, se deberían impulsar impuestos a la propiedad y al carbono, y hacer que los impuestos sobre la renta de las personas y las sociedades sean más progresivos.

Respecto a estas tres recomendaciones podemos concluir que en México: 1) las transferencias de apoyo económico no se otorgan de forma focalizada; 2) no existen proyectos de reactivación económica como parte de una política de Estado; 3) aun cuando las transferencias directas, teóricamente, llegan a más de 22 millones de personas, con datos del Coneval, podemos descubrir que el porcentaje de personas en pobreza extrema y pobreza laboral crecieron en este sexenio, en el primer caso: de 7% en el 2018 a 8.5% en 2020. Y, en el segundo caso, con datos más actualizados: pasamos de 38.3% a 40.1% de personas con pobreza laboral entre el segundo y tercer trimestre de 2022.

En ese contexto, vamos a cerrar este año con un crecimiento de casi cuatro millones de personas pobres comparadas con las cifras de 2018. Entonces: ¿falló el gobierno para frenar la pobreza? O tal vez el presidente López Obrador tiene otros datos.

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