Paren el Mundial por Amir Nasr-Azadani

México no apoyó, pero Irán fue expulsado.

No puedo iniciar esta colaboración sin expresar mi más profundo repudio al intento de homicidio que sufrió Ciro Gómez Leyva. Me sumo a las voces que exigen al gobierno que encabeza el presidente Andrés Manuel López Obrador, que se aclaren los hechos y se procure justicia de forma pronta y expedita. Ciro no sólo es una persona y un periodista excepcional, sino un icono de la libertad de expresión y de la libertad política de nuestro país, si le pasa algo a Ciro, nos pasará a todos y todas las mexicanas.

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A continuación, expongo el tema que quiero compartir. La semana pasada, en este mismo espacio, escribí sobre la petición que hicieron cientos de organizaciones a nivel internacional (en mi caso me llegó por Vital Voices), para que, ante los terribles hechos que se suscitaron después de la muerte de la joven Mahsa Amini (a manos de la Policía de la Moral), el 14 de diciembre, en Nueva York, en la  reunión especial con los Estados miembros del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC), se votara a favor del resolutivo para expulsar a la República Islámica de Irán de la Comisión sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer. Escribí también que, la función de esa comisión es: “Promover los derechos de las mujeres, documentar la realidad de la vida de las mujeres en todo el mundo y dar forma a estándares globales sobre igualdad de género y el empoderamiento de la mujer”.

Lamentablemente, México no apoyó el resolutivo, pero Irán fue expulsado de la comisión. De esta forma, por primera vez en la historia de esa comisión de la ONU, un país fue expulsado. Sin embargo, la represión contra las personas que se manifestaron por el caso de Amini no ha terminado, por el contrario, tal y como lo expresé, varias personas han sido sentenciadas a muerte tras las protestas que tenían como lema principal Mujer, Vida y Libertad. Es así como, el 8 de diciembre, el gobierno cumplió la primera sentencia de ahorcamiento contra el joven Mohsen Shekari de 23 años de edad y, ahora, todo parece indicar que también lo harán con el reconocido futbolista Amir Nasr-Azadani.

En ese contexto, mientras millones de personas disfrutan los partidos del mundial, el joven futbolista y otras docenas de personas, esperan ser ejecutadas por un gobierno que fue apoyado por la administración encabezada por el presidente Andrés Manuel López Obrador en la reunión del 14 de diciembre, o de qué otra forma se puede leer el hecho de que México no haya apoyado el resolutivo para expulsar a esta República Islámica de una comisión en la que no merece tener asiento. A menos que, el propio Presidente considere que el futbolista y las personas sentenciadas, merecen la pena de muerte “por enemistad con Dios”, que es el delito que se les imputa por alzar la voz a favor de los derechos de las mujeres.

No obstante que, para algunas personas, resultó que fue un contrasentido que México no haya votado a favor del resolutivo, para los colectivos que luchan por los derechos de las mujeres no resultó extraño, toda vez que, para el Presidente, no ha sido prioritario impulsar una política de Estado contra la violencia hacia las niñas y mujeres en nuestro propio país. Si lo fuera, no seguirían creciendo los feminicidios ni los homicidios dolosos contra ellas. Entonces, qué nos hace pensar que el Presidente no habría de justificar o hacerse de la vista gorda ante este aberrante castigo que atenta con el derecho humano supremo que es la vida de las personas, bajo los pretextos que argumentaron en la propia reunión de la ECOSOC.

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En ese contexto, vale preguntarse: ¿Sería posible pedir que los futbolistas no jugaran el último partido del Mundial hasta lograr que el joven Amir Nasr-Azadani y las otras personas sentenciadas a muerte en la República Islámica de Irán sean “perdonadas”? O ¿nos importa más un partido que el derecho a vivir de las personas?

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