La otra trumpeada
Con la elección de Estados Unidos de América, en noviembre pasado concluyó el año del superciclo electoral. Más de cuatro mil millones de personas eligieron nuevos gobernantes en 70 países. Por la cantidad de nuevos gobiernos electos y por la tendencia autoría de la ...
Con la elección de Estados Unidos de América, en noviembre pasado concluyó el año del superciclo electoral. Más de cuatro mil millones de personas eligieron nuevos gobernantes en 70 países. Por la cantidad de nuevos gobiernos electos y por la tendencia autoría de la mayoría de ellos, es plausible un realineamiento mundial que ya no responde a intereses ideológicos, sino al pragmatismo y autoritarismo que caracteriza a los líderes populistas, ya sean de derecha o de izquierda que, para mantener su legitimidad, han inventado un infalible adversario: “Los otros”. Los otros son adversarios reales o ficticios que generan una actitud de adhesión al “nosotros”. Cabe aclarar que, esta construcción social conocida como otredad, que se genera a partir de la forma en que una persona o grupo percibe a otro u otros como diferentes, puede servir de forma positiva a la coexistencia sin discriminación de ningún tipo de una sociedad, por ejemplo, bajo el reconocimiento de la pluralidad social, religiosa, política, cultural, etcétera, pero en el caso que nos ocupa, sirve para polarizar y reafirmar una identidad hegemónica frente a las otras.
Todavía es temprano para prever el costo social, económico y político que tendrá la otredad construida a partir del discurso demagógico de los populistas y fortalecida mediante algoritmos tecnológicos que están detrás de las redes sociales, y que reproducen creencias y actitudes peligrosas contra los derechos de determinadas minorías, que la humanidad parecía haber superado, pero los riesgos están latentes, y así se percibieron durante el proceso electoral en EU, frente al fenómeno del wokismo. El término woke literalmente significa desperté, pero la palabra fue relacionada a movimientos de lucha contra el racismo, la igualdad y la justicia. De esta forma, el término woke se identificó con la defensa de los derechos de la minoría afrodescendiente, pero, después, con los derechos de todas las minorías y con las políticas progresistas de Joe Biden a su favor. No obstante, que estas políticas liberales al empoderar a grupos históricamente marginados, fortalecía la democracia, otros sectores sociales percibieron estas políticas progresistas como un retroceso para sus intereses, porque a la par del avance del wokismo, ellos estaban enfrentando la pérdida de su poder adquisitivo por los problemas económicos que se desarrollaron durante el mismo periodo. Finalmente, durante el proceso electoral, las posturas de defensa y descalificación al wokismo se polarizaron y dieron pie a la narrativa del “nosotros y los otros” que fortaleció el triunfo de Donald Trump. Así, las primeras declaraciones y acciones del actual presidente fueron en contra del reconocimiento de los derechos de “los otros”, aun cuando miles de estos “los otros” que serán afectados, fueron los mismos que votaron por él, porque se creyeron parte del “nosotros”.
Históricamente, “el nosotros y los otros”, es una expresión milenaria que igual sirvió a los griegos para calificar como barbaros a los pueblos que no compartían su lengua y sus costumbres, como para justificar relaciones de poder jerarquizadas de los conquistadores hacia los pueblos conquistados o colonizados. Pero, en la actualidad, sirven de base de los discursos demagógicos de los líderes populistas para lograr la actitud de adhesión de quienes se sienten seducidos, ya sea por sus condiciones reales o por sus creencias. Ciertamente, las condiciones sociales, políticas, económicas y culturales de México son diferentes a las de EUA, y la narrativa populista no funciona de la misma forma en los dos países, sin embargo, respecto a la otredad, falta poco para saber cómo vamos a reaccionar los mexicanos cuando miles de personas deportadas quieran integrarse o reintegrase a nuestra sociedad, toda vez que, un gran número de ellas ya no se identifican con nuestra cultura y nuestra forma de ser porque no nacieron aquí o porque salieron hace muchos años; por otra parte, qué va a pasar cuando lleguen y se enfrenten a la realidad de la falta de fuentes de empleo y desarrollo que tenían en su país, ¿serán integrados a un “nosotros” o tendrán que seguir luchando como “los otros”?
