En 2027 se renovarán las 500 diputaciones federales, 17 gubernaturas, 1,098 diputaciones locales en 31 entidades y más de 18 mil cargos municipales. La dimensión de esta elección es enorme. Sin embargo, lo más importante no es cuántos cargos estarán en disputa, sino en qué condiciones comienza la competencia, y no nos referimos solamente a la baja presencia de la oposición a Morena, sino a la debilidad institucional de los árbitros electorales.
Desde el 2000, hasta la elección presidencial de 2021, no hubo cuestionamientos en los resultados electorales, pero las dudas comenzaron con la repartición de curules de representación proporcional en 2024. Por primera vez desde 1997, se puso en tela de juicio la decisión del INE y el TEPJF.
Un árbitro electoral bajo sospecha de sometimiento a los intereses del oficialismo, gobierne quien gobierne, no sirve para cumplir con la misión más importante de su creación: garantizar la legitimidad de las elecciones. Lamentablemente, todo parece indicar que la presidenta del INE, Guadalupe Taddei, no lo tiene claro y está empeñada en presumir su cercana relación con titular de la Segob, Rosa Icela Rodríguez.
El escándalo no es menor, el evento del jueves en el que, oficialmente arrancó el proceso electoral de 2027, resultó ser una burla doble. Si bien el calendario oficial señala el 10 de septiembre como inicio del proceso, también es cierto que desde hace un par de meses Morena inició las campañas disfrazadas de selección de coordinadores estatales.
El INE se ha hecho de la vista gorda frente a estos actos electorales adelantados. Igual que en el 2024, cuando el populista presidente López Obrador destapó a las corcholatas para seleccionar a quien iba a encabezar la candidatura a la Presidencia de la República. Pero, por otra parte, la presidenta del INE decidió invitar a la secretaria de Gobernación al evento, lo cual fue interpretado como una interferencia del oficialismo, al igual como sucedió en los años hegemónicos del PRI, ¿será un acto deliberado de provocación? El discurso pronunciado por la Presidenta parece indicar que así fue. ¿Se dará cuenta que no puede actuar como un jugador político? No importan las simpatías políticas que ella tenga, se requiere mesura. ¿A caso cree que los otros expresidentes del INE no tenían sus preferencias políticas? Sin lugar a duda las tenían. Ahora, algunos de ellos están cerca de la oposición, o por lo menos son críticos frente a la evidente pérdida de autonomía del órgano electoral, pero cuando ejercieron el cargo de presidentes del INE (todos habían sido hombres), antepusieron los intereses públicos por encima de su ideología o de sus simpatías políticas, y generaron un clima de certeza en cada proceso electoral.
Otro factor que evidencia la debilidad de la institución en la víspera del inicio del proceso, fue la renuncia de Claudia Arlett Espino a la Secretaría Ejecutiva del INE. La función de la secretaria no era menor ni meramente administrativa. Es la instancia que articula las decisiones del Consejo General con las direcciones ejecutivas, las juntas locales, las juntas distritales y toda la estructura operativa encargada de organizar las elecciones.
La salida generó incertidumbre y dudas; se produjo un día antes de comenzar un proceso que deberá coordinar elecciones federales y locales en las 32 entidades, instalar alrededor de 170 mil casillas y atender a una lista nominal de más de 102 millones de personas. Aun cuando ya se nombró encargado de despacho a Roberto Carlos Félix López, es inquietante la inestabilidad política que reflejan estos cambios al interior de la institución.
La elección del próximo año, aunque es intermedia, no será una elección secundaria. En el ámbito federal estará en juego la composición de la Cámara de Diputados. Esto significa que se definirá si Morena y sus aliados mantienen la mayoría calificada para continuar aprobando reformas constitucionales de forma arbitraria como lo han hecho desde septiembre de 2024. Ciertamente, al igual que esta elección puede fortalecer todavía más la concentración del poder, también, puede introducir nuevos contrapesos en la Cámara de Diputados. Frente a la debilidad institucional ¿Habrá credibilidad y aceptación por parte del oficialismo si no logran buenos resultados?
