Injurias al Ejército
Felicitación: Me congratulo por los cien años del periódico Excélsior y felicito a sus dueños actuales, don Olegario Vázquez Raña y Olegario Vázquez Aldir, por el éxito con el que el diario ha llegado a esta edad, pero, sobre todo, agradezco la oportunidad que me han brindado para que, con toda la libertad, yo sea parte de esta casa. Gracias a Pascal Beltrán del Río por creer en mí y gracias a Jorge Fernández Menéndez por tus enseñanzas y apoyo.
Dice Giovanni Sartori que: “Quien no se deja intimidar conserva, es cierto, su libertad, pero también se queda en tierra, es un don nadie castigado con el silencio, con el ostracismo y la marginación. La fama, el éxito, los premios van casi siempre a parar a manos de los que husmean el viento de lo políticamente correcto” (La democracia en treinta lecciones. Mayo de 2015).
Si el Congreso de la Unión ya hubiera debatido y discutido las normas referentes a la política de Seguridad Pública, el general Salvador Cienfuegos no tendría que estar dando discursos políticos. Pero, toda vez que el Ejército es de las pocas instituciones en las que aún confían los ciudadanos, fue muy importante que el general José Carlos Beltrán Benítez, en una conferencia de prensa, calificara de “injurias” los señalamientos hechos al Ejército por el visceral presidente de Morena (pese a los deseos de propios y extraños, nunca va a cambiar).
Nadie debe meter las manos al fuego por nadie, mucho menos en los asuntos de procuración de justicia como la dolorosa desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, pero quienes en algún momento hemos estado involucrados en el seguimiento de la investigación de los hechos, creo que estamos obligados moralmente a manifestar, por lo menos, una opinión con base en los elementos que conocimos. Como diputada de la Sexagésima Segunda Legislatura, pertenecí a la Comisión Especial de seguimiento a las investigaciones relacionadas con los hechos ocurridos en Iguala, Guerrero, a alumnos de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa “Raúl Isidro Burgos”, hoy no puedo opinar a nombre de toda la comisión por obvias razones, pero existe un informe público al respecto (Gaceta de la Cámara de Diputados del 4 de noviembre de 2014).
Durante el trabajo de esa comisión se tuvieron largas reuniones con determinados actores involucrados en las investigaciones. Algunas fueron con el exprocurador, don Jesús Murillo Karam, y el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong. Otras fueron con el propio secretario de la Defensa, el general Salvador Cienfuegos. A reserva de la posible parcialidad de mis recuerdos, cabe decir que, en una de las primeras reuniones con el exprocurador, lo que más le preocupaba era encontrar con vida a los normalistas. En todo momento trató de que no se les fuera a criminalizar y se siguiera haciendo lo posible para aclarar las circunstancias de los hechos.
En el caso del general Cienfuegos, siempre tuvo la disposición de reunirse con toda la comisión presidida entonces por el diputado José Guillermo Anaya Llamas. De esta forma, en la reunión que tuvimos con él y su equipo nos expusieron cuáles habían sido las actividades de los integrantes del 27 Batallón de Infantería de Iguala, tanto ese día, como el posterior a los trágicos hechos. Nos mostraron bitácoras y fotos de lo que ellos investigaron, y es así como pudimos conocer alguna parte de lo que sucedió después de la alerta del C4.
Por supuesto que de ninguna manera lo que hizo la comisión es vinculatorio con el proceso de investigación formal de las autoridades correspondientes, pero sí creo que la mayoría de los integrantes quedamos convencidos de que los jóvenes fueron víctimas de un grupo delictivo de la zona con la complicidad de policías municipales.
Es por estas razones y otras, que por falta de espacio no comentaré, que me atrevo a decir que: son falsos los señalamientos de responsabilidad hacia el Ejército en los terribles hechos de Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014. Si bien es cierto que es políticamente incorrecto que la Secretaría de la Defensa salga a dar conferencias en voz del propio general Cienfuegos, también es cierto que esa institución no puede permitirse perder la confianza de los mexicanos por injurias.
