Un camino tortuoso, la atención del cáncer

El camino para detectar, atenderse, curarse y rehabilitarse en una persona con cáncer sigue siendo muy tortuoso en los hospitales públicos. Tomaré un solo caso como ejemplo que, lamentablemente, se repite todos los días y es el que me tocó vivir con mi mamá en el ...

El camino para detectar, atenderse, curarse y rehabilitarse en una persona con cáncer sigue siendo muy tortuoso en los hospitales públicos. Tomaré un solo caso como ejemplo que, lamentablemente, se repite todos los días y es el que me tocó vivir con mi mamá en el Hospital de Oncología del Centro Médico Nacional Siglo XXI, del IMSS, considerado uno de los mejores hospitales públicos del país, pero que no se da abasto ante los miles de pacientes, muchos de ellos provenientes de los estados del país, que atienden a diario y que, en su mayoría, llegan con tumores muy avanzados que ya no tienen cura. Mientras más rápido sea el diagnóstico y el tratamiento, mejores posibilidades tendrá la persona de superar la enfermedad.

Lamentablemente, esto no ocurre en los hospitales, ya que el simple hecho de detectar la enfermedad puede durar meses en estudios y no tener respuesta, tal y como le ocurrió a mi mamá. Primero comenzó en el Hospital de Especialidades del IMSS y estuvo en estudios cinco meses. Pero no era porque fueran muchos estudios, sino porque la agenda de citas para la realización de los mismos siempre está saturada. Una vez que el médico determina que puede ser cáncer, el paciente es transferido al Hospital de Oncología, en donde volverá a pasar por un ciclo de estudios similar a los ya hechos. De ahí, a esperar a que se tenga cita con el oncólogo especialista en el tumor que aqueja al paciente para que éste determine el posible tratamiento con cirugía, quimioterapia o radiación. Estamos hablando de casi un año para llegar a un diagnóstico y el inicio de un tratamiento. Y lo único que queda, después de haber perdido tanto tiempo, son los cuidados paliativos.

En el caso de mi mamá, ni siquiera se llegó a un diagnóstico certero porque el hospital del IMSS no cuenta con equipos para la realización de una PET (tomografía de emisión de positrones), que es indispensable para saber en dónde se ubica el tumor y qué grado de avance tiene. Hubo un diagnóstico, pero no supieron en dónde se ubicaba el tumor inicial en mi mamá. Se tuvo que acudir al sector de salud privado para realizar dicho estudio y saber que tenía un cáncer de colon avanzado. Hasta ahí, el camino para el paciente ya fue tedioso y doloroso. Lidiar con médicos que tienen más de 40 consultas por día, no es fácil para ellos ni para los enfermos. Si bien hay experiencia, no hay calidad.  A lo mucho, a sus pacientes les dan de cinco a diez minutos de atención. Pero no son todos, hay médicos, pocos, y muchas enfermeras que dan ese trato amable que requiere el enfermo y más cuando, sin ningún filtro, les dicen que ya se van a morir.

Hasta aquí, queda claro que, si uno quiere que su familiar reciba el mejor tratamiento, tendrá que acudir a un médico privado. Esto es posible en algunos casos, pero la mayoría de los enfermos apenas tienen para su transporte. Me topé con un hospital diferente al que conocía hace un sexenio. Sí, hay que decirlo, se perciben cambios, sobre todo en la disponibilidad de medicamentos y en la realización de estudios más rápidos. Pero la realidad es que la demanda supera la disponibilidad de los recursos y, por ende, los medicamentos más caros no están disponibles. Son tratamientos de quimioterapia en su mayoría estandarizados, como si todos los pacientes tuvieran el mismo cáncer. Llegando a este punto, el paciente será tratado con lo que se tiene y, a pesar de que el IMSS ha comprado medicamentos de alta gama, no es suficiente y no cubre todo. Además, las fallas constantes en los equipos para radiación generan retrasos que significan semanas de vida para un paciente.

Hasta aquí, la cura de un paciente está en un hilo. Gracias a Dios, hay muchos que se salvan, pero otros se quedan en el camino.

Afortunadamente, mi mamá fue un caso donde, si bien el sector público ayudó en cierta medida, fue el sector privado donde la familia pudo obtener la respuesta y la tranquilidad.

Gracias, doctora Vanessa Rosas, y a todos los médicos que ayudaron a que mi mamá tuviera una mejor atención. Mami Egla, a ti te dedico esta columna por la valentía que se puede tener en los momentos difíciles, y mi solidaridad a todos aquellos pacientes que hoy en día tienen cáncer, porque son unos guerreros.

Quién iba a decir que, paradójicamente, mi mamá perdió la batalla hace un año contra esta enfermedad en el Día Mundial del Cáncer, que se celebra cada 4 de febrero.

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