Morir con dignidad

Ojalá que la Comisión de Bioética de la Secretaría de Salud tome la batuta para que se legisle en el Congreso este tema.

En México, de nueva cuenta el tema de la eutanasia o muerte asistida en personas con enfermedades terminales es motivo de debate en la opinión pública. Llaman la atención los datos que arroja la Segunda Encuesta Nacional de Opinión sobre el Derecho a Morir con Dignidad, que revela que, de diez mexicanos, siete están a favor de la eutanasia o muerte asistida en caso de encontrarse en fase terminal de alguna enfermedad.

Hace dos décadas, el pensamiento mexicano sobre este tema era diferente, no había una mayoría como tal, como lo arrojan ahora los resultados de esta encuesta a cargo de la asociación civil Por el Derecho a Morir con Dignidad (DMD). Quizá este cambio de pensamiento de los mexicanos sobre la muerte sea en parte porque morir cada día se ha vuelto más doloroso. Las enfermedades crónicas que aquejan más a las personas han hecho que el camino a la muerte esté plagado de sufrimiento. Y, de acuerdo a los expertos, esto no debería ser así porque para eso hay cuidados paliativos, cuyo objetivo es dar calidad de vida a los enfermos hasta el último minuto.

Pero la realidad es que el sistema nacional de salud en este tema está fallando. Hoy en día, más de la mitad de los enfermos, más de 400 mil, que requieren de cuidados paliativos mueren cada año en nuestro país clamando desde las camas de los hospitales o de sus casas para que les quiten el dolor. Por eso, a la pregunta de si están a favor de legalizar la eutanasia, más del 70% respondió que sí. A otro 68% le gustaría tener la posibilidad de pedir ayuda a su médico para adelantar su muerte en caso de que se encontraran en fase terminal, y un 55% preferiría que el médico le aplicara directamente una dosis letal de medicamentos.

En este tema, el gremio médico está frente a una encrucijada puesta por los mismos avances de la medicina y la tecnología, porque ahora al enfermo se le puede prolongar más su esperanza de vida, aunque no tenga una buena calidad de vida y viva con dolor. Hay que recordar que en México no está permitida la eutanasia o muerte asistida. Quién lo haga puede ser castigado por homicidio. Lo que sí está avalado, pero no en todos los estados se aplica, es la voluntad anticipada, donde la persona adelanta su deseo de no recibir tratamiento alguno en caso de tener una enfermedad terminal.

El 10 de abril de 2001 fue aprobada la práctica de la eutanasia en Holanda y, a partir de ahí, le siguieron varios países europeos. Después de 20 años de discusiones, en México todavía no se llega a ningún acuerdo sobre el tema, que es controversial, que involucra no sólo a los médicos, sino a muchos sectores de la sociedad. Hablar de la muerte no es fácil y menos para los mexicanos, donde la eutanasia o el bien morir era un tabú. En la actualidad, la misma población ha dado luz verde para debatir. Ojalá que la Comisión de Bioética de la Secretaría de Salud tome la batuta para que se legisle en el Congreso este tema y, con ello, se eviten abusos en los hospitales y se garantice que los pacientes en fase terminal puedan tener derecho a una muerte digna, sin dolor.

ABATELENGUAS

En México hay una lista de más de 22 mil personas esperando un órgano o tejido que les salve la vida. Ayer se celebró el Día Mundial del Paciente Trasplantado y aún siguen siendo bajos los números de donantes. En nuestro país falta fomentar más la cultura de la donación y tener más hospitales certificados, pues, a la fecha, sólo se cuenta con 442 establecimientos autorizados para procuración, trasplante o bancos de tejido. Sería bueno plantearse si el Centro Nacional de Trasplantes, que, por cierto, ayer cumplió 23 años, requiere una nueva reestructuración. Ahí se los dejo de tarea.

BAJO EL MICROSCOPIO

Ni los mismos especialistas que trabajaron en las actualizaciones de las Normas Oficiales Mexicanas para cáncer de mama y de cérvix entienden por qué desaparecer estos instrumentos jurídicos que ayudan a dar reglas claras para la atención médica de los pacientes. Fiel a su estilo, el subsecretario Hugo López-Gatell sólo comentó que “no se necesitan (las NOM)” para regular la prescripción, la terapia y diagnóstico de cada una de las enfermedades. Sus declaraciones no sólo han generado confusión y enojo, sino un vacío de información. Valdría la pena una explicación clara y sencilla del porqué esta medida.

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