El sistema de salud está muy mal

Llegó la pandemia y todo se volcó en la misma

El diagnóstico del presidente Andrés Manuel López Obrador sobre el estado que guarda el sistema de salud es muy claro y contundente: “Está muy mal”. Y el sexenio se agota, agregaría yo.

Previo a la pandemia, el sector salud se había vuelto la prioridad de sus recorridos. Tras la salida de Germán Martínez como titular del IMSS y la llegada de Zoé Robledo al instituto, el Presidente dio un vuelco a su política de salud y comenzó a recorrer 80 hospitales del Programa IMSS-Bienestar.

Cada fin de semana se le veía visitar las poblaciones más pobres del país, en donde se ubican las clínicas pertenecientes al IMSS-Bienestar, que forman parte de un programa del Seguro Social que atiende a la población más pobre, que no es derechohabiente, y que, por lo mismo, era un programa olvidado y sin peso en anteriores administraciones.

Pero llegó la pandemia y todo el sistema de salud se volcó a atender el covid-19. En el camino, la apuesta para mejorar el sistema de salud y atender a la población de menos recursos se centró en el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi) a cargo de Juan Antonio Ferrer, que había sido creado para sustituir al programa del Seguro Popular.

Tan pronto como la pandemia amainó, se vio que el Insabi no había podido cumplir con su misión. Fracasó. Y nuevamente el Presidente volvió a voltear al IMSS-Bienestar como su opción para concretar un sistema de cobertura universal, a cargo nuevamente de Zoé Robledo, quien desde su arribo al Instituto, asumió un rol discreto, pero de alto poder y mayor impacto que el del secretario Jorge Alcocer.

Pero el tiempo no se detiene. Ya entramos a la mitad del cuarto año del sexenio y para el presidente López Obrador la situación es muy clara: “Tenemos un pendiente, ésa es una asignatura pendiente, porque está muy mal el sistema de salud pública”, como dijo este fin de semana en la inauguración de una sucursal del Banco del Bienestar en Ocosingo, Chiapas.

Lo que el Presidente quiere es que “en todos los centros de salud, unidades médicas rurales, en los hospitales, haya médicos generales y especialistas y no falten las medicinas, y todo se entregue y se dé el servicio de manera gratuita”.

“Ahora ya que bajó la pandemia, estamos llevando a cabo un plan nacional para fortalecer el sistema de salud pública. No es un asunto fácil”, reconoce el propio Presidente. Y tiene razón.

Porque efectivamente tiene que revertir toda una inercia y de vicios de décadas, pero también enfrentar las acciones improvisadas, quizá bien intencionadas, pero mal planeadas de su gobierno que también han impactado y fracasado en algunos cambios sustanciales del sector salud.

Ojalá que su nuevo plan funcione, ahora sí que por el bien de todos. Pero todo pinta para que el tiempo sólo ajuste para que se sienten las bases del nuevo sistema de salud en algunas entidades, y su futuro dependerá de la continuidad que se le dé o no en el próximo sexenio.

ABATELENGUAS

En el sector salud se oye mucho del desvío de medicinas, desde cuestiones de robo hormiga hasta temas de gran escala. Lamentablemente pocas veces se tiene información de esos casos y mucho menos de sanciones. Por eso me llamó mucho la atención leer que la Secretaría de la Defensa Nacional denunció que su exrepresentante en el Comité de Medicamentos del Consejo de Salubridad General desvió medicinas del Hospital Central Militar.

Aunque el tema es ventilado en el fuero castrense, conforme a la nota de Abel Barajas en Reforma, y el posible responsable enfrenta un proceso por fraude por desviar medicamentos con un valor superior a los 70 mil pesos, la realidad es que es un caso que debería servir de ejemplo para todas las instituciones, léase, IMSS, Secretaría de Salud y Pemex, entre otras.

Porque este tipo de conductas no se deben permitir sin importar el monto y se deben sancionar para que no queden en la impunidad. Y es que pese a las múltiples denuncias sobre irregularidades en el sector, que ha hecho la actual administración, la realidad es que no hay nadie sancionado ni siquiera en la Cofepris, donde se hablan de cuestiones de gran corrupción.

BAJO EL MICROSCOPIO

En los últimos días, se ha vuelto cada vez más común que todos sepamos de alguien cercano, ya sea familiar, amiga o compañero de trabajo que dio positivo a covid-19. Da tranquilidad que en la mayoría de casos, las consecuencias no han sido graves. Pero no hay que bajar la guardia. Hay que seguir manteniendo las medidas de prevención para evitar contagios. El virus llegó para quedarse, pero hay que seguir cuidándose porque todavía sigue siendo impredecible su letalidad.

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