La IA no puede parar

La semana pasada escribí que la encíclica del papa León XIV refleja el vértigo social que genera la inteligencia artificial en sectores cada vez más amplios de la sociedad, sobre todo en quienes trabajan más de cerca con esta tecnología. El jueves, Anthropic publicó en su blog que el efecto recursivo de esta tecnología propicia que los modelos fundacionales puedan mejorarse a sí mismos sin intervención humana, por lo cual sería deseable hacer más lento su desarrollo.

LA VELOCIDAD

La compañía que alcanzó una valuación de 965 mil millones de dólares dijo que en mayo, Claude escribió más de 80% del código de Anthropic, cuando apenas en febrero de 2025 esa cifra estaba en dígitos bajos. En cuanto a las tareas, la empresa explicó que en marzo de 2024 su modelo Claude Opus 3 podía completar trabajos que a un humano le tomaban cuatro minutos. Un año después, Claude Sonnet 3.7 resolvía tareas de hora y media. Para marzo de 2026, su modelo Opus 4.6 ya completaba tareas que a una persona le tomarían 12 horas, y a este ritmo podrá abarcar actividades que a un humano le llevarían semanas.

LOS AGENTES

Desde finales de 2024 se comenzó a hablar de agentes, pero fue hasta inicios de este año cuando OpenClaw generó un enorme revuelo por su adopción. Hoy, los usuarios más sofisticados, como los ingenieros de Anthropic, utilizan agentes para gestionar a otros agentes, lo que dispara la productividad de forma acelerada. Esto implica que este año la inteligencia artificial agéntica se extenderá a sectores más amplios, y en un par de años tendremos un ejército de agentes a nuestra disposición. En 2024 yo decía en conferencias que todos seríamos como el ingeniero Carlos Slim, porque tendríamos a nuestro alcance mentes especializadas muy brillantes. Es decir, si hoy el ingeniero Slim quiere saber de fracking, sólo tiene que levantar el teléfono y pedirle a su asistente que le consiga al mejor especialista en la materia. No obstante, me quedé corto, tendremos acceso a una pléyade de agentes, unos ocupados en gestionar nuestra vida personal y otros, nuestras actividades profesionales. Así como Carlos Slim tiene empleados en Carso o América Móvil. 

LA ORGANIZACIÓN

El cuello de botella, o el habilitador, será el ser humano. Las habilidades de un alto directivo tendrán mucho más valor. Y es que, si a un ejecutivo promedio le pones a disposición al equipo que le reporta a Elon Musk, Mark Zuckerberg o Jensen Huang, difícilmente podría replicar los logros de esas compañías. De ahí que no sólo se trate de la potencia cognitiva de esta tecnología, sino de la capacidad de conceptualizar y orquestar a esos agentes para que, a su vez, controlen a otros, como ocurre con los liderazgos de las empresas grandes. La mayoría de las personas y las empresas no lo están conceptualizando así.

 

LA PAUSA

Así como la encíclica tiene lógica pero se mueve en el campo del deber ser, el escrito de Anthropic reconoce lo mismo en su propuesta y anticipa la enorme dificultad de llevarla a cabo. Por eso, lejos de plantear una solución concreta, la compañía dijo que investigará y discutirá formas que le permitan a la sociedad adaptarse. El cofundador de Anthropic, Jack Clark, dijo en una entrevista con la BBC que la situación actual equivale a tener un acelerador sin freno. Geoffrey Hinton, considerado mentor inicial de la inteligencia artificial generativa, dijo que las compañías quieren que compremos la analogía del pedal de acelerador sin freno, pero en realidad lo que necesitamos es un volante, no un freno. Lo que es seguro es que no se puede hacer un alto y bajarse del automóvil, que cada vez va más rápido.