Lo que México y Corea construyen juntos

México busca ampliar la cooperación comercial, de inversión y tecnológica con Corea durante una visita a Seúl centrada en los vehículos eléctricos, los semiconductores y la educación. 

El vínculo entre México y Corea es más antiguo y profundo de lo que la mayoría de la gente cree. Mucho antes de que estableciéramos relaciones formales en 1962, la migración coreana a México a principios del siglo XX sentó las bases para unos lazos duraderos entre nuestros pueblos. A lo largo de generaciones, la comunidad coreana en México ha consolidado una fuerte presencia, enriqueciendo la vida cultural, social y económica de nuestro país.

Ciento veinte años de historia compartida sustentan la asociación que nuestros dos gobiernos están construyendo hoy. Por eso, viajé a Seúl para reunirme con el ministro de Asuntos Exteriores, Cho Hyun, una visita destinada a traducir una relación sólida en resultados concretos que nuestras dos sociedades puedan medir.

Las cifras describen una asociación que sigue creciendo. El comercio bilateral alcanzó los 27 mil mdd en 2025. Corea se encuentra entre los cinco socios comerciales más importantes de México, y nuestro país es el principal socio de Corea en América Latina. La inversión coreana desde 2006 asciende a 11.5 mil mdd, repartida entre más de do mil empresas.

Nuestro objetivo ahora es ampliar ese intercambio en ambas direcciones, expandiendo y diversificando lo que México exporta a Corea para que nuestro comercio se vuelva más equilibrado a medida que crece. Un grupo de trabajo bilateral creado con ese propósito se reunió por primera vez en la Ciudad de México el 1 de agosto.

Estas cifras revelan un patrón industrial claro. Tomemos como ejemplo la movilidad eléctrica. El 29 de julio, la presidenta Claudia Sheinbaum y Kia anunciaron una inversión de 649 millones de dólares para fabricar vehículos eléctricos en Nuevo León, con una red de recarga y generación de energía limpia en el lugar. A su vez, Posco —que ha invertido más de 800 millones de dólares en México— ahora produce núcleos de motor para vehículos eléctricos en el vecino estado de Coahuila. Una cadena de suministro coreana está tomando forma en suelo mexicano.

Lo mismo está sucediendo en los sectores de energía y electrónica. Samsung E&A ayudó a construir la refinería Olmeca en la costa del Golfo y ahora está construyendo una planta de metanol de 3.3 mil mdd en Sinaloa —la mayor instalación de este tipo con emisiones ultrabajas que existe en el mundo—, cuya inauguración está prevista para 2029 y que generará 6,400 empleos. LG opera ocho plantas en el norte y centro de México y da empleo a 8,100 personas, con una inversión nueva anunciada de 2.28 mil millones de dólares. No se trata de simples sucursales. Son parte integral del sector manufacturero mexicano.

Los lectores coreanos tal vez reconozcan la lógica de lo que intentamos hacer a continuación. El Plan México, lanzado por la presidenta Sheinbaum en 2025, es una política industrial en todo el sentido de la palabra: el Estado establece metas nacionales y alinea la inversión pública, la banca de desarrollo y las compras gubernamentales para alcanzarlas. Sus objetivos son concretos: capacitar a 150 mil profesionales cada año en sectores estratégicos, elevar la inversión de 25 a 28% del PIB y desarrollar la capacidad nacional en semiconductores, biotecnología, electromovilidad y aeroespacial.

La ciencia y la educación también ocuparon un lugar central en esta visita. Me reuní con los dirigentes del Instituto Avanzado de Ciencia y Tecnología de Corea, en Seúl, para explorar lo que nuestras instituciones pueden construir juntas en materia de inteligencia artificial, semiconductores y capacitación avanzada. En el ámbito espacial, dicha cooperación ya está en marcha: el Instituto de Investigación Aeroespacial de Corea es asesor técnico permanente de la Agencia Latinoamericana y Caribeña del Espacio.

Nuestra cooperación va más allá del comercio y la tecnología. A través de MIKTA, el grupo que lleva el nombre de las iniciales de México, Indonesia, Corea, Turquía y Australia, Corea participó en el financiamiento de la rehabilitación de una escuela primaria en Acapulco dañada por el huracán Otis —un ejemplo concreto de cooperación humanitaria por el que estamos agradecidos—. Esa costumbre de trabajar codo a codo será importante en 2028, cuando Corea asuma la presidencia del Grupo de los 20 y México sea sede de la Cumbre de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC).

Nuestras sociedades, por su parte, avanzan a su propio ritmo. El pasado mes de mayo, la presidenta Sheinbaum dio la bienvenida a BTS desde un balcón del Palacio Nacional, y 50 mil personas llenaron el espacio público más importante de México, el Zócalo, para recibirlos. México tiene uno de los públicos más numerosos de la música coreana en todo el mundo. Y en junio tuvimos el placer de recibir a los aficionados coreanos en nuestros estadios para el Mundial: la rivalidad duró 90 minutos, la amistad continúa.

Nadie en aquellos primeros días que mencioné al principio, allá por el siglo XX, podría haber imaginado que algún día los dos países construirían juntos satélites y semiconductores. Ésa es la diferencia entre una historia que heredamos y un futuro que podemos diseñar. México vino a Seúl para construirlo juntos.

*Secretario de Relaciones Exteriores de México