Trump y el Destino Manifiesto

En 1630, John Cotton afirmó que “ninguna nación tiene el derecho de expulsar a otra si no es por un designio especial del cielo, como el que tuvieron los israelitas, a menos que los nativos obraran injustamente con ella. En este caso tendrán derecho a librar, ...

En 1630, John Cotton afirmó que “ninguna nación tiene el derecho de expulsar a otra si no es por un designio especial del cielo, como el que tuvieron los israelitas, a menos que los nativos obraran injustamente con ella. En este caso tendrán derecho a librar, legalmente, una guerra con ellos y a someterlos”. Desde la llegada de los primeros colonos, el Destino Manifiesto tuvo la misión estadunidense de extenderse por todo el continente para el desarrollo del gran experimento de libertad y autogobierno.

Posteriormente, O’Sullivan manifestó en 1845: “Y esta demanda está basada en el derecho de nuestro Destino Manifiesto a poseer todo el continente que nos ha dado la Providencia para desarrollar nuestro gran cometido de libertad y autogobierno”.

En 1848, cuando Estados Unidos duplicó su tamaño anexando la mitad del territorio de México, el Presidente en turno señaló que esa nación podía expandirse aún más señalando lo siguiente: “Nunca creíamos que nos íbamos a expandir demasiado tomando nuestra ambición del gobierno americano. Anexarnos un país entero para nuestra expansión aún más”.

Son tres temas usados por los defensores del Destino Manifiesto:

1- La virtud de las instituciones y los ciudadanos de Estados Unidos.

2- La misión de extender estas instituciones, rehaciendo el mundo a imagen de EU.

3. La decisión de Dios de encomendar a EU la consecución de esa misión.

Los republicanos revivieron en la década de 1890 la doctrina del Destino Manifiesto como una auténtica creencia-misión estadunidense para promover y defender la democracia a lo largo del mundo, esta condición sigue siendo plataforma ideológica de dicho partido.

La política intervencionista de EU se basa en el paradigma de la democracia señalándola como una forma pura de poder espiritual en su prevalencia. Un ejemplo anterior de la cultura colonizadora del siglo XVIII en EU es el crecimiento de la frontera estadunidense en la compra de Luisiana, así como Nueva Orleans, en una alianza con los ingleses para frenar el avance francés en su territorio, así mismo, la intención de EU era apropiarse de la península de la Florida hasta la isla de Cuba a cambio de la neutralidad en la lucha por la Independencia que libraba México y otras colonias españolas.

Jefferson ya tenía calculada la proyección de expansión por Panamá y todo el istmo cercano, así como los territorios anteriormente señalados. Muy diferente a la idea de “una patria grande” desde México hasta la Patagonia que Simón Bolívar señaló el 15 de septiembre de 1810 ante The Morning Chronicle, de Londres, cuando presentaba ante Inglaterra los pliegos diplomáticos de lo sucedido en Venezuela frente al gobierno de España, el Sueño Bolivariano no tenía nada que ver con el Destino Manifiesto estadunidense.

Esa política intervencionista y expansionista de EU frente al mundo entero, pero particularmente frente a nuestro país, ha ido desde invasiones bélicas, el país más invadido por EU ha sido México, hasta expresiones provocadoras de corte político-electoral como en este momento las emitidas en un aparente descuido y velada distracción contra el excanciller Marcelo Ebrard Casaubon, virtual secretario de Economía en el gobierno de la doctora Claudia Sheinbaum e inferidas en plena campaña electoral por el aspirante republicano a la Presidencia de EU, Donald Trump.

Además de las expresiones emitidas sobre una abierta intervención en territorio nacional utilizando mercenarios para los motivos que sean, es una provocación al derecho internacional y a la soberanía de un país libre y fuerte, con absoluta ausencia de retórica diplomática a su principal socio comercial, México cuenta con millones de electores de origen latino que sí definen el resultado de una elección presidencial en Estados Unidos; el gobierno mexicano tiene un gigantesco arraigo en la comunidad electoral latina, de varias nacionalidades, cualquier agravio, aunque parezca popular, podría causar un efecto similar al que la oposición sufrió en las elecciones de México el pasado 2 de junio. Jugar con México y sus representantes como parte del discurso del Destino Manifiesto de Trump es un harakiri para sus pretensiones.

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