Tlaxcala: primera entidad libre de analfabetismo en México

Ricardo Peralta Saucedo

Ricardo Peralta Saucedo

México correcto, no corrupto

Existen gobiernos que administran y existen otros que transforman la historia. Tlaxcala acaba de colocarse en este último grupo al convertirse en la primera entidad del país considerada libre de analfabetismo, alcanzando, además, un incremento superior al mil por ciento en acciones de alfabetización y educación para adultos. El dato es extraordinario por sí mismo, pero adquiere una dimensión todavía más profunda cuando detrás de ese logro aparece la historia personal de la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros, quien desde hace más de cuarenta años inició enseñando a leer y escribir a personas adultas en las comunidades más humildes del estado.

Mucho antes de ocupar cargos públicos, Lorena Cuéllar caminaba entre calles de tierra, barrios populares y comunidades rurales llevando cuadernos, paciencia y esperanza. Aquella labor silenciosa, lejos de los reflectores, terminó convirtiéndose décadas después en una política pública de resultados históricos. Hoy, miles de hombres y mujeres que alguna vez vivieron condenados al rezago educativo pueden leer, escribir y concluir sus estudios gracias a un modelo educativo que ya comienza a ser observado como referencia nacional.

La historia tiene algo profundamente simbólico. Una mujer que alfabetizó en los años más difíciles del México rural encabeza ahora el estado que logró romper una de las barreras sociales más dolorosas del país. No es solamente un triunfo administrativo; es la culminación de una convicción humana construida durante toda una vida.

Los números reflejan la dimensión del esfuerzo: más de 77 mil personas atendidas y más de 35 mil que concluyeron algún nivel educativo durante los últimos años. Detrás de cada certificado existe una historia de dignidad recuperada: madres que ahora pueden ayudar a sus hijos con las tareas, trabajadores que concluyeron la secundaria y adultos mayores que por primera vez pudieron escribir su nombre sin depender de nadie.

En una época donde la política suele medirse únicamente en encuestas o confrontaciones mediáticas, Tlaxcala recordó que gobernar también significa transformar destinos personales. Porque alfabetizar no es solamente enseñar letras; es devolver independencia, autoestima y ciudadanía.

La coordinación institucional con la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo permitió fortalecer la estrategia nacional de alfabetización para el bienestar, consolidando una política social profundamente humana que hoy comienza a proyectarse como ejemplo para otras entidades. El modelo tlaxcalteca demuestra que cuando existe sensibilidad social, cercanía comunitaria y continuidad en los programas públicos, los resultados pueden superar cualquier expectativa.

La reducción del rezago educativo y el reconocimiento de Tlaxcala como entidad libre de analfabetismo no son casualidad. Son resultado de décadas de trabajo territorial, de maestras, asesores, voluntarios y servidores públicos que entendieron que la educación sigue siendo la herramienta más poderosa para combatir la desigualdad.

Sin embargo, el rostro más visible de esta transformación es el de una gobernadora cuya propia historia personal terminó fusionándose con la historia educativa de su estado. Ahí radica quizá la fuerza emotiva de este momento: Lorena Cuéllar no observa esta victoria desde la distancia institucional, sino desde la memoria de quien alguna vez enseñó vocales en pequeñas aulas comunitarias y hoy presencia cómo Tlaxcala se convierte en referente nacional.

México atraviesa tiempos de enormes desafíos, pero noticias como ésta recuerdan que todavía existen causas capaces de unir a toda una sociedad. Porque mientras muchos discuten el futuro del país, Tlaxcala decidió empezar por lo más esencial: enseñar a su gente a leer el mundo con libertad y dignidad.