La presidenta Sheinbaum, presente con los damnificados

La historia de México está íntimamente ligada a la fuerza indomable de la naturaleza. Las lluvias intensas, los huracanes y las crecidas de ríos han dejado huella profunda en comunidades enteras, sobre todo en regiones donde la geografía montañosa y la cercanía con ...

La historia de México está íntimamente ligada a la fuerza indomable de la naturaleza. Las lluvias intensas, los huracanes y las crecidas de ríos han dejado huella profunda en comunidades enteras, sobre todo en regiones donde la geografía montañosa y la cercanía con afluentes pluviales amplifican los riesgos. En los últimos años, los estados de Veracruz, Puebla e Hidalgo han sufrido episodios de inundaciones que se inscriben en esta memoria colectiva: desde deslaves y caminos colapsados hasta viviendas arrasadas por la corriente. Hoy, nuevamente, estos territorios enfrentan una crisis que ha puesto a prueba no sólo la infraestructura, sino también la capacidad de respuesta humana, política y social.

En medio de esta emergencia, la presencia del Estado no se ha limitado a discursos o mensajes institucionales. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha estado físicamente en Poza Rica y otras comunidades de Veracruz, en los pueblos afectados de Puebla y en las zonas más agraviadas de Hidalgo, recorriendo calles inundadas, escuchando testimonios, abrazando y dando esperanza a damnificados y encabezando personalmente las acciones de coordinación federal. Su visita no fue un acto simbólico ni un gesto mediático: fue una acción de liderazgo y de profunda empatía. Estar con el pueblo no por la foto, sino por la convicción de que gobernar también significa compartir los momentos más difíciles es lo que distingue a una estadista de un simple administrador.

A esta respuesta cercana y humana se suma la labor decidida de los gobernadores de las entidades afectadas. En Hidalgo, el gobernador Julio Menchaca Salazar ha permanecido desde los primeros minutos en las zonas de derrumbes y caminos destruidos, acompañando a brigadas de emergencia, supervisando la apertura de rutas alternas y atendiendo directamente a las familias que lo han perdido todo. Lo mismo ocurre en Puebla, donde el gobernador Alejandro Armenta Mier ha mostrado una presencia incansable, coordinando esfuerzos estatales y federales para que la ayuda no se quede en papeles, sino que llegue a cada hogar, a cada comunidad aislada, a cada familia que espera respuestas.

La población percibe con claridad cuando un gobierno está presente de verdad. En los días más oscuros de una tragedia, cuando el lodo cubre viviendas, las carreteras se fracturan y los ríos desbordados se llevan no sólo bienes, sino certezas, lo que más reconforta no es un discurso televisado: es sentir a sus autoridades allí, hombro con hombro, enfrentando la adversidad. Y eso es lo que ha ocurrido: la Presidenta, su gabinete y los gobernadores están ahí.

La magnitud del desastre no es menor. No es un ligero desbordamiento. Las lluvias intensas provocaron corrientes de agua que arrasaron con todo. En las zonas serranas, el panorama es aún más delicado: hay comunidades incomunicadas, viviendas sepultadas parcialmente y caminos que deberán reconstruirse casi desde cero. La emergencia no termina cuando el agua baja: apenas comienza el arduo proceso de recuperación. Por ello, el trabajo coordinado entre los gobiernos federal, estatales y la población será crucial. La instrucción de la Presidenta ha sido clara: movilizar a las dependencias federales necesarias para acompañar a los damnificados no sólo en la etapa inmediata, sino hasta que recuperen su modo de vida. No se trata de promesas huecas, sino de una estrategia integral para restablecer la habitabilidad y devolver, lo antes posible, un horizonte de normalidad a miles de familias.

La solidaridad no se improvisa; se construye con acciones. Hoy, Veracruz, Puebla e Hidalgo sienten el peso de la tragedia, pero también la presencia de un gobierno que no se esconde. Con sensibilidad, liderazgo y decisión, la presidenta Sheinbaum encabeza una respuesta que reafirma la esencia misma del servicio público: estar con la gente. En esos momentos, el pueblo no olvida quién estuvo a su lado bajo la lluvia, entre el lodo, compartiendo la esperanza de volver a levantarse. Envío un abrazo fraterno a mi familia amada de Veracruz, especialmente de Poza Rica, Papantla y Tuxpan, además, hago un llamado a la sociedad civil mexicana para que se solidarice como siempre cuando suceden hechos donde la naturaleza nos muestra nuestra fragilidad.

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