SCJN: ¿habrá revocación de mandato?

La elección de las y los ministros de la SCJN plantea nuevas incógnitas.

 

La Suprema Corte de Justicia de la Nación está, justificadamente, bajo intenso cuestionamiento y escrutinio. Esto es así por el carácter de su nombramiento. Fueron electos por el voto popular. Si recibieron muchos o pocos votos (fueron pocos), mal habidos por el acordeón o como haiga sido, no importa en este momento. Lo importante es que, como funcionarios federales electos, igual que presidente, diputados o senadores, deben responder públicamente por sus hechos. Y la observación de sus conductas, al igual que sus decisiones, están sujetas a la aprobación o rechazo de la opinión pública. Igual que cualquier sujeto electo.

Las y los ministros de la SCJN no han tenido buenos días en la prensa y tampoco han causado una reacción favorable en la opinión pública. Se le tenía a la SCJN en alta estima por ser los letrados que orientaban la justicia en la nación, tomaban decisiones inatacables y razonaban sus diferencias con gran altura de reflexión. Era vista, en cierto modo, como un conciliábulo de sabios. Hoy todo eso ha cambiado. En primer lugar, porque las y los ministros son todos operadores de Morena. No digo que lleven su tarjeta de afiliación a Morena en la billetera, aunque algunos sí, pero todos están subordinados a los dictados de Palacio Nacional. Es decir, la SCJN dejó de ser un Poder autónomo del Estado, para convertirse en apéndice de Palacio Nacional. Ése es el diseño de la nueva Constitución que la Presidenta alabó el pasado 5 de febrero en Querétaro.

La nueva Constitución concibe al Ejecutivo federal como la punta superior de la pirámide del poder en México, como en tiempos prehispánicos. Debajo están el Poder Judicial y el Poder Legislativo. Debajo de ellos se encuentra la estructura política de estados y municipios, dependencias relevantes, partidos políticos, factores económicos y, hasta abajo de la pirámide, se encuentra la ciudadanía. La elección de las y los ministros de la SCJN plantea nuevas incógnitas. Específicamente, ¿qué sucede si se confirma que son incompetentes, ineficaces, desconocedores de la ley y, peor, corruptillos?

Justamente es por esa incógnita que algunas de sus acciones, decisiones y conductas llaman tan poderosamente la atención. Por ejemplo, ha sido evidente que votan casos relevantes, como el de Ricardo Salinas Pliego, sin mayor discusión, porque votaron con consigna. Se tardaron menos de dos horas en desahogar el caso de gran complejidad y cuyas resoluciones ahora van a afectar a muchas empresas importantes extranjeras, cuyos directivos están contemplando, entre otras opciones, salirse de México, dados los alcances de esa decisión tomada fugazmente y sin mayor discusión ni reflexión.

Otras situaciones han destacado, como su intención de reabrir casos ya juzgados por Cortes anteriores. Piensan que tienen, por obra y seña de su elección popular, la capacidad de eliminar el pasado. Tabla rasa, dirían los filósofos. Si bien ese ímpetu se ha controlado, no dudemos que rebrotará con el cambio de la presidencia rotativa de la SCJN.

La compra de camionetas blindadas habla de una camada de ministros que viven en una burbuja. Ni nos ven ni nos oyen. Ellos tienen el dinero de los impuestos de los mexicanos a su entera disposición y lo gastan como los nuevos ricos que son. No nos debe sorprender la compra en sí, sino la ceguera de los ministros. Eso es lo que nos debería preocupar. Igualmente, el incidente bochornoso de la limpia del zapato del presidente de la SCJN en el evento de Querétaro. Ver a sus diligentes cuidadores limpiar sus zapatos, prestos para cualquier atención, nos habla de cuán alto y rápido ha sido la subida de pretensiones en la cabeza de ese ministro y seguramente de los otros, también.

Y no relato los miles de despidos injustificados en el Poder Judicial, para acomodar a los nuevos servidores de la nación, desesperados por alejarse de las incomodidades de la inflación y del agravamiento de la situación económica del país.

Ante todos estos cuestionamientos a su notoria incapacidad profesional para cumplir con la función encomendada, surge la pregunta obligada: ¿si fueron electos por voto popular, existe un mecanismo para la revocación de su mandato, como es el caso de cualquier funcionario electo por el voto popular? Es tiempo de empezar a pensar en la revocación del mandato de unos, o todos, los y las ministros de la SCJN.