¿Qué quiere Trump de nosotros?
En la superficie, el próximo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quiere que México y Canadá frenen el ingreso de migrantes indocumentados a su país, al igual que el flujo de drogas, especialmente el fentanilo. Para lograr ese objetivo, amenaza con la imposición ...
En la superficie, el próximo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quiere que México y Canadá frenen el ingreso de migrantes indocumentados a su país, al igual que el flujo de drogas, especialmente el fentanilo. Para lograr ese objetivo, amenaza con la imposición de aranceles del 25% a todos los productos que ambos países exportan al mercado estadunidense.
Los líderes de México y de Canadá reaccionaron de forma diferente al anuncio de aranceles cuando Trump ni siquiera es el Presidente (eso será hasta el 20 de enero de 2025) y, por tanto, no tiene la facultad de cumplir con su amenaza mañana. Ambos países reaccionaron como si la imposición de aranceles fuera a cumplirse al día siguiente del anuncio.
México publicó una carta de la Presidenta a Trump, amenazando con “arancel por arancel” como respuesta, muy al estilo de López Obrador. Es decir, México aceptó el reto de enfrentar la guerra comercial con otra guerra comercial. Hasta que, aparentemente, alguien le hizo ver el impacto negativo que generan las cartas públicas en el ánimo del recipiente. Aparte de considerarlo un medio inapropiado y dirigido más que nada a la base social de emisor, es fácil ignorar una carta como vía de comunicación por poco seria y una muestra de desinterés por llegar a algún acuerdo útil para las partes.
Así sucedió con todas las muchas cartas que mandó López Obrador durante su Presidencia. Cero efecto positivo y generaron una disminución de la influencia mexicana en cualquier asunto.
Trudeau, en cambio, inmediatamente tomó el teléfono y habló con Trump para establecer las bases de un diálogo fructífero. Esa llamada telefónica derivó en una visita de Trudeau y su equipo de gobierno en pleno a la casa de Trump en Florida para iniciar, en la práctica, las negociaciones sobre el futuro del T-MEC. Que conste que se habló sobre la viabilidad futura del T-MEC y no sobre sus contenidos. Es decir, entre Canadá y Estados Unidos hay, desde ya, una conversación muy adelantada sobre la pregunta de qué hacer con ese acuerdo comercial.
Después del ejemplo de Trudeau, la Presidenta tomó el teléfono y habló con Trump. Y, aun así, se tropezó en la confusa línea entre querer poder negociar los términos de un acuerdo y la obsesión “ideológica” de distinguir entre diálogo y la no-cesión de soberanía. Ese propósito generó una polémica pública entre Sheinbaum y Trump sobre cuáles fueron los términos reales de su conversación. Totalmente absurdo e infantil. El efecto positivo que generó la llamada telefónica se perdió rápidamente con esa polémica. Y dio la impresión de que alguien mentía o exageraba sobre lo dicho en la conversación. Después de la visita canadiense a Trump en Florida, ahora surge la pregunta en la prensa mexicana e internacional: ¿irá la Presidenta a reunirse con Trump, también, siguiendo los pasos de Trudeau?
No se necesita ser adivino para saber que las inquietudes de Trump sobre México no son exclusivamente sobre migración y fentanilo. Ésos son dos temas que sirven de aperitivo para abordar la futura relación bilateral.
De fondo, hay otros temas de interés estratégico para Estados Unidos que quiere atender, por ser México “su frontera sur”. Para enumerar los temas, en términos de seguridad nacional, se pueden mencionar a) los cárteles del narcotráfico como organizaciones terroristas por ser instrumentos utilizables por los enemigos de Estados Unidos, b) el uso cubano, ruso y venezolano de México como base de operaciones para espionaje contra Estados Unidos, c) la cooptación de elementos del Ejército mexicano por el narco, cubanos y los rusos para servir de fuente de apoyo e información sobre el Comando Norte, d) la penetración de China como apoyo económico y estratégico hacia Morena en su programa antiestadunidense y e) al México ideológico como fuerza contraria a los intereses estadunidenses en América Latina y el mundo (apoyo implícito a Rusia en la guerra en Ucrania, confrontación en organismos internacionales, permitir la importación de acero y aluminio chino al mercado estadunidense acreditados como productos mexicanos, etcétera).
Todos estos temas subyacen en el interés de Trump por México. Migración y fentanilo son pretextos suficientes para amenazar con la imposición de aranceles del 25 por ciento. Los otros temas serán suficientes para terminar con el T-MEC si percibe que se acrecienta la influencia e intervención de sus enemigos en México. Cualquier ingenuidad mexicana costará muy cara.
