Porfirio: solo, oportunista y tarde

Parece que la flexibilidad moral es su fuerte

Ante el pleno de la Comisión Permanente de Partidos Políticos de América Latina (Copppal), Porfirio Muñoz Ledo acusó directamente al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, de asociación delictuosa con el narcotráfico y de querer heredar esa asociación al siguiente gobierno, que será electo en junio de 2024. Denominó “Maximato” esa intención de López Obrador. Muñoz Ledo agregó que en México terminó la transición democrática y empezó una reversión autoritaria.

De México son miembros de la Copppal el PRI, el PRD, el PT y MC. Fue en ese foro donde Muñoz Ledo acudió, entre amigos, para hacer su denuncia. Coincidió, en el tiempo, con otro declarante, Francisco Labastida Ochoa, excandidato presidencial del PRI, quien dejó en claro que el expresidente Enrique Peña Nieto ayudó a AMLO a ganar la elección presidencial y, al igual que Muñoz Ledo, insinuó que existe una concertación de intereses entre López Obrador y el narcotráfico.

¡Qué bueno que Porfirio dijo lo que denunció! Pero qué lástima que lo esté diciendo tan tarde en el proceso político nacional y en condiciones de tan poca credibilidad. Su poca credibilidad proviene del hecho de que es considerado como un saltimbanqui de la política. Célebre constructor de frases agudas, siempre le han servido para ocultar su oportunismo político. Anunció que se le había ofrecido la embajada de Cuba, en cuyo caso habría permanecido en silencio, pero no sucedieron las cosas como quería o pensaba. No hubo tal oferta o, si la hubo, no fue con la anuencia presidencial. Es a raíz de esa última humillación que Muñoz Ledo rompe, por lo menos por ahora, con Morena.

Parece que la flexibilidad moral es su fuerte. ¿Cómo olvidar la frase que ha culminado su carrera política a Muñoz Ledo? Siendo presidente de la Cámara de Diputados, le correspondió colocar la banda presidencial a López Obrador, el 1 de diciembre de 2018. Anunció, después de escuchar el discurso inaugural de López Obrador, que “veo a un hombre iluminado y de todas las estaciones”.

¿De dónde, excepto desde la ceguera? ¿Cómo pudo decir eso Muñoz Ledo, hombre supuestamente avezado en “la lectura del carácter de los hombres”, como ha dicho de sí mismo? Acababa de colocar la banda presidencial sobre un hombre que no traía en la cabeza ningún plan concreto de gobierno ni iba a presentar nunca un plan de gobierno excepto algo en torno a su autoexaltación. Muchos sabíamos, incluso desde muchos años antes, que no tenía idea de un proyecto de gobierno, ¿cómo se explica que una celebridad como Muñoz Ledo no sea capaz de leer la realidad?

Una parte importante de la explicación sobre su ceguera reside en la tradición de la cortesanía que pudre a la política y la cultura mexicanas. Ante el poder, existe el hábito, arraigado en todas las latitudes del espectro político, de la adulación y la sumisión. Esa zalamería en extremo seduce al tonto y ciega al inteligente. Y, como consecuencia, la política pública se idiotiza.

Y, después, también influyen los benditos privilegios. Salarios, extras y bonos para todos, aunque se diga que no es cierto. Acceso a la dispersión del presupuesto público y al otorgamiento directo de contratos a las amistades, familiares, etcétera. Cada sexenio que se inaugura con un partido distinto en el poder ve nacer una nueva burguesía. Es excitante vivir ese proceso, y más cuando se es parte privilegiada de él.

Y también juega otro mal hábito: el de seguir viviendo de la ubre del presupuesto público. Esa práctica emana de la tradición de nunca hacer otra cosa en la vida más que depender de quien o quienes ocupan puestos y ser sus seguidores fieles y ciegos, todo para obtener un beneficio personal.

Así que, cuando Porfirio Muñoz Ledo se lanza contra López Obrador, no es más que un alarido personal. No representa una corriente política interna de Morena que ya entendió algo. No. Es un acto personalísimo de un sujeto que, en el invierno de su vida, quiere causarle un daño político al Presidente que no jugó según las reglas estrictas de servilismo y recompensa. Entonces denuncia tardíamente la asociación AMLO-narco, cuando se confabuló bajo su callada presencia.

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