Marcelo va a Washington
• La Cuenca del Caribe se calienta políticamente por la confrontación entre México y Estados Unidos. Pero ¿cuál gobierno podrá ofrecer más apoyos a esos países?
El único anuncio sustantivo que hizo el presidente López Obrador sobre su conversación con el presidente Biden el viernes pasado es que se acordó que el canciller mexicano, Marcelo Ebrard, iría a Washington el lunes siguiente. Los otros comentarios fueron ambigüedades comunes de su forma de expresarse: “cordial”, “amistoso”, etcétera. Previo a la conversación, López Obrador había dicho que no tenía la menor idea de qué quería hablar Biden.
En el read-out que ofreció la Casa Blanca sobre la conversación entre los dos presidentes, se recalcó que había un acuerdo previo tomado en la Cumbre de Líderes de América del Norte, en noviembre de 2021, para impulsar la competitividad de la región frente a la economía mundial.
También se mencionaron los retos que impone a la región la volatilidad económica y política que provocó la invasión rusa a Ucrania. Por ello, es importante avanzar en los encuentros y tra- bajos del Diálogo Económico de Alto Nivel.
También hablaron de la próxima Cumbre de las Américas, a realizarse en junio en Los Ángeles, California, y la necesidad de impulsar el desarrollo económico y social de América Central y el sur mexicano.
Reconocieron el interés compartido por atender los flujos migratorios y enfatizaron la necesidad de coordinar esfuerzos con los países de la región.
Agregando efemérides, notaron que el 12 de diciembre de 2022 se conmemoran los 200 años del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre las dos naciones.
La pregunta que surge de este informe que ofrece la Casa Blanca sobre la conversación, y ante la falta de información de la parte mexicana, es, ¿qué objeto tiene la visita precipitada de Ebrard a Washington?
No se desprende ninguna explicación del viaje con la información ofrecida. Por tanto, tenemos que recurrir a un mecanismo indiciario para extraer alguna lógica al asunto.
Primero, hay mucha tensión entre México y Estados Unidos sobre el tema Centroamérica y el Caribe. Mientras Kamala Harris, vicepresidenta de EU, está construyendo un bloque entre Estados Unidos, Costa Rica, Panamá y República Dominicana, aglutinados en la Alianza por el Desarrollo en Democracia, López
Obrador quiere crear un mecanismo alternativo integrado por México, Guatemala, Belice, Honduras, El Salvador y Cuba como contrapeso a la iniciativa de Estados Unidos. La Cuenca del Caribe se calienta políticamente por la confrontación entre México y Estados Unidos. Pero ¿cuál gobierno podrá ofrecer más apoyos a esos países?
Segundo, según fuentes diplomáticas, está presente el conflicto sobre la participación de Cuba en la Cumbre de las Américas.
Biden desconfía de los cubanos porque considera que traicionaron la buena fe negociadora de Obama, después de haber llegado a acuerdos de fondo entre ambas naciones. Al parecer, López
Obrador insiste en que Cuba sea invitada a la cumbre, amenazando con retirar la participación mexicana al evento si la isla no está presente. Lo precipitado de la conversación entre Biden y
López Obrador tenía que ver con el hecho de que el Presidente mexicano estará de visita en Cuba la próxima semana. El tono de su discurso durante la visita revelará si se puso de acuerdo, o no, con Biden.
Tercero, todo sugiere que el T-MEC está a punto de entrar en aguas legales turbulentas, a la par de que el gobierno mexicano aplica su interpretación de lo que acordó la SCJN sobre la indus tria eléctrica y, aunque es distinto, la nueva ley de minería agrega un componente adicional de incertidumbre para la inversión extranjera.
Cuarto, el problema migratorio sigue presionando a ambos gobiernos. Con buena voluntad, podrán ponerse de acuerdo para administrar una situación difícil. O, caso contrario, podría descomponerse peligrosamente la situación en la frontera, para complacencia del crimen organizado. Con una anotación al calce: la mayoría de los indocumentados devueltos a México no son centroamericanos. Son mexicanos.
Presumiblemente, éste es el menú que llevará Marcelo a Washington. ¿Se doblará como lo hizo con Trump?
