Las deportaciones que vienen

Es increíble revisar los datos de los votos que recibió Donald Trump para confirmar el vuelco de votos latinos a favor del republicano. Un voto repleto de deseos acomplejados por estar con el percibido ganador...

El periódico Reforma anuncia que cinco millones de paisanos son susceptibles a ser deportados por el gobierno de Donald Trump a partir de hoy, 20 de enero de 2025. Lo relevante del dato no es únicamente el enorme número de mexicanos indocumentados viviendo en Estados Unidos. Es la confirmación de que los mexicanos somos la nacionalidad más grande de migrantes indocumentados en ese país. Un reflejo de nuestro fracaso por dar respuestas a las necesidades de nuestra población en materia de empleo, seguridad y salud. Nada para enorgullecerse.

Al mismo tiempo, es increíble revisar los datos de los votos que recibió Donald Trump para confirmar el vuelco de votos latinos a favor del republicano. Un voto repleto de deseos acomplejados por estar con el percibido ganador y un ancestral espíritu de autocastigo. Hay que decirle a esa población que tiene todo el derecho humano a emigrar de país en país buscando mejorar sus condiciones de vida. No hay nada de qué avergonzarse.

Lo que reina en Estados Unidos es un estado de confusión acerca de cuándo, dónde y cómo se dará este supuesto proceso de explosiones o deportaciones. Según reportes periodísticos, el gobierno de Trump piensa iniciar sus deportaciones en la ciudad de Chicago. Es conveniente por ser una ciudad gobernada por demócratas y con fuerte tradición sindical. Así, los republicanos tienen la excusa de que por culpa de los demócratas les dieron refugio a números “excesivos” de refugiados de otros países.

Por lo pronto, Trump dijo que los primeros tres millones de deportados serán quienes tengan antecedentes penales o criminales dentro de Estados Unidos. Se refirió a traficantes y vendedores de drogas o miembros de pandillas.

Sin embargo, hay 23 países que se niegan a recibir a sus ciudadanos expulsados de Estados Unidos como ilegales. Algunos de esos países son, por ejemplo, China, India, Cuba, Haití y Afganistán. Las instancias migratorias estadunidenses han señalado a Cuba como el país que categóricamente se niega a recibir sus ciudadanos deportados de Estados Unidos.

Esta situación plantea el tema del tercer país seguro. México ya declaró que no acepta ser considerado como el “tercer país seguro” ante la eventualidad de la deportación de millones de personas de diversas nacionalidades que no tienen la posibilidad de regresar a sus países de origen, como se ha mencionado, porque sus países no los aceptan de regreso.

Sin embargo, Marcelo Ebrard, como secretario de Relaciones Exteriores del anterior sexenio, sí aceptó que México fuera el “tercer país seguro”, aunque lo ha negado. El hecho es que el entonces presidente López Obrador lo permitió para congraciarse con Trump.

Trump habla escandalosamente de deportar a millones de personas. Pero en su gestión como presidente sólo deportó 766 mil personas. Bill Clinton deportó más de 7 millones de personas; George W. Bush, 4 millones; Barack Obama, 2 millones y Biden, 890 mil. Los demócratas deportaron millones como respuesta a la exigencia de sus líderes sindicales. Los republicanos, porque su clientela electoral sentía la amenaza de “otras razas”. Hoy, Trump logró provocar una histeria colectiva por el temor estadunidense a la reportada “decadencia” de su calidad de vida, logrando que, incluso, algunos de esos “invasores” votaran por él.

Viendo los datos reales, y considerando lo que realmente hizo Trump en la primera gestión, es previsible que no rebase en mucho sus números anteriores.

Es de notarse que en su comparecencia de confirmación ante el Senado, Marco Rubio, futuro secretario de Estado de Trump, dedicó escasos minutos al tema migratorio. Cuando habló de México, básicamente se refirió al problema del narcotráfico y seguridad y las relaciones comerciales a partir de la renegociación del T-MEC, además de referirse a la competencia entre Estados Unidos y China. No se observó una obsesión con el tema migratorio, lo que llama poderosamente la atención.

¿Acaso era un simple instrumento retórico, obviamente muy eficaz, para ganar las elecciones, cuando el verdadero interés está en otra parte?

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