La autocrítica de los perdedores

Los partidos PAN, PRI y PRD viven tiempos oscuros. El PRD desapareció, al perder el registro. El PRI es un corporativo cada vez más desacreditado ante la sociedad, según reportan todas las encuestas

El partido Demócrata de Estados Unidos y la oposición en México enfrentan el mismo reto: ¿qué hacer ante su derrota electoral? ¿Cómo reconstruirse para volver a ganar en el futuro? Perdieron tanto candidatos como los partidos y movimientos sociales en los dos países. La ruta del regreso al poder pasa por el camino arduo de la autocrítica.

Tienen en común que perdieron estrepitosamente y arrollados por los votos. Aunque bajo condiciones legales y de legitimidad distintas, los candidatos ganadores lo hicieron con amplitud y obtuvieron el control de ambas cámaras de sus respectivos congresos. Por tanto, en los dos países hay gobiernos federales muy fuertes y encabezados por quienes dicen representar un cambio profundo en el estilo de gobernar. Llegaron al poder los fuertes y expulsaron a los débiles. Unos perdieron por corruptos y los otros por conservadores, dicen.

Ambos países entraron a la era de las etiquetas rudas para descalificar y despreciar a quienes perdieron la elección, con toda la intención de evitar su regreso al poder.

Kamala Harris está elaborando una propuesta para crear un movimiento propio, denominado Pioneer49 (Pionero49), por el sobrenombre que le dio el Servicio Secreto (Pioneer) y por haber sido la vicepresidente 49 de Estados Unidos.

Según informan fuentes de su entorno, tiene tres opciones abiertas para ella. Primero, postularse a la gubernatura de California, estado del cual ya fue procuradora de Justicia. En segundo lugar, podrá competir por la candidatura presidencial del Partido Demócrata en cuatro años. Por último, contempla la posibilidad de una actividad más discreta, postulándose para dirigir el partido Demócrata.

Por su lado, los demócratas analizan sus debilidades y escudriñan las razones de una derrota tan fuerte a manos de Donald Trump. Perdieron los votos de la población negra y latina de forma importante. Una encuesta sugirió que el partido se envolvió en las banderas de causas más bien marginales, como los llamados temas woke (feminismo, LGBTQ+), y son vistos como obsesionados por las elites en abstracto y jugando con imágenes de éxito que no les corresponden. Hasta el tema del aborto no tuvo la tracción electoral que esperaban.

Tienen mucho trabajo que hacer, porque el tractor republicano avanza como tanque Sherman por el desierto. Los demócratas empiezan a moverse hacia algunas posiciones tradicionalmente republicanas para ser parte del “centro político” o el “mainstream”.

En México también las cosas están sucediendo en la oposición. La candidatura de Xóchitl Gálvez perdió su atractivo. Obtuvo menos votos de los que votaron por los diputados y senadores de sus partidos aliados. Tampoco supo construir una narrativa de país que le tocara el interés esencial de los mexicanos. Muchos no se identificaron con su manera de proyectarse. A pesar de que ha dicho que quiere formar un nuevo partido, hasta el momento no se conoce, a ciencia cierta, cuál es su propuesta.

Los partidos PAN, PRI y PRD viven tiempos oscuros. El PRD desapareció, al perder el registro. El PRI es un corporativo cada vez más desacreditado ante la sociedad, según reportan todas las encuestas. El PAN pretende volver sus propuestas “originales”. Es decir, el partido no existe para el mundo actual porque piensa en función de un pasado irreal. Varias agrupaciones están proponiendo formar nuevos partidos. Del movimiento opositor, el más notable es el Frente Cívico Nacional, pero no es el único. El movimiento de jueces, magistrados y ministros podría arrojar presencia y organizaciones interesantes. Sus esfuerzos son encomiables, pero no se tiene aún una clara idea de por qué perdieron. Ahí está AMLO, Morena y sus asistencias sociales. Pero eso sólo explica una parte de la derrota. ¿Dónde quedaron las propuestas cruciales que atrajeran al pueblo de su lado?

También se escuchan barruntos de organización, incluso dentro de las filas de Morena, el partido oficial. Ahí se escuchan voces de discordia cada vez más fuertes. Tanto demócratas en Estados Unidos como el abanico de opositores en México enfrentan el reto de que, para volver a ganar, es necesaria la severa y dolorosa autocrítica, sin la cual no habrá vuelta al poder.

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