La izquierda ante su derrota
El único país latinoamericano que activamente hace algo en solidaridad con Cuba es México. México enviaba petróleo a Cuba hasta que Washington se lo prohibió.

Ricardo Pascoe Pierce
En el filo
Aunque ninguna derrota es para siempre, cuando sucede obliga a la reflexión sobre sus causas y consecuencias. La izquierda en AL está viviendo tiempos oscuros. País tras país viven procesos de repudio a las administraciones de partidos de izquierda. Chile, Argentina, Bolivia, Ecuador, Panamá, Costa Rica, Honduras. El cuadro es contundente. Y están próximos a la guillotina Cuba y Colombia. Guatemala acaba de expulsar a los médicos cubanos de su país. México y Brasil practican un izquierdismo cuya prioridad es mantener una buena relación con Washington.
El señuelo de este proceso de debilitamiento de la izquierda latinoamericana, después de más de 20 años de auge y fuerza gubernamental, es lo que ocurre alrededor del acoso y eventual derrocamiento del régimen cubano. El signo más importante que abre el espectro del derrumbe de la revolución cubana es la escasa solidaridad mundial con la isla, especialmente de AL. Pocos países y menos gobiernos están expresando solidaridad con Cuba más allá de pronunciamientos. Rusia y China dan su total apoyo a Cuba, mientras no hacen nada para que esa solidaridad verbal se materialice en algo concreto.
El indicador más patente de que EU tendrá un espacio amplísimo para promover el cambio de régimen en Cuba es debido al aislamiento internacional del gobierno de la isla. Caerá por haber insistido en mantener la dictadura a flote, con represión, falta de espacios democráticos, los presos políticos creciendo y un modelo económico que enriquece a 1% de la nomenclatura gobernante. En el fondo, el régimen cubano se derrotó a sí mismo, al perder su consenso en el exterior y con un apoyo menguante al interior. Lo mismo le pasó a la dictadura venezolana.
El único país latinoamericano que activamente hace algo en solidaridad con Cuba es México. México enviaba petróleo a Cuba hasta que Washington se lo prohibió. Ahora envía medicamentos y alimentos, sin saber cuál será su verdadero destino final, porque eso depende de lo que haga el gobierno cubano con las donaciones mexicanas. Por lo pronto, agrupaciones nacionales en respaldo a pacientes de cáncer protestan porque se envían productos oncológicos a Cuba que hacen falta en México. Pero la propia solidaridad mexicana es de dientes para afuera. Idos son los tiempos en que se movilizaban contingentes de miles de estudiantes, campesinos, trabajadores e intelectuales en favor de la revolución cubana. El partido Morena, aliado histórico del Partido Comunista de Cuba, denuncia el cerco a Cuba y reprueba el nuevo imperialismo. Pero, o no puede o no quiere movilizar sus militantes en favor de Venezuela y Cuba.
La SSC de la CDMX reportó los siguientes eventos ayer domingo 15 de febrero: “11 horas. Asociación de Cubanos Residentes en México José Martí A.C. En el Zócalo capitalino. Campaña de acopio en solidaridad con Cuba y contra el bloqueo de Estados Unidos. Aforo: 50 personas”. Otro evento: “11 horas. Jardín Hidalgo, Coyoacán. Asamblea Popular de Coyoacán Contra el Imperialismo. Evento en solidaridad con Venezuela y Cuba. Aforo: 100 personas”. Por último: “12 horas. Embajada de Cuba. Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba y el Partido Comunista de México. Mitin por Cuba y su Revolución. Aforo: 40 personas”.
Los tres eventos resumen una realidad que la izquierda debe asumir. La credibilidad y la legitimidad de los regímenes que la izquierda ha apoyado tradicionalmente en AL, especialmente Venezuela, Nicaragua y Cuba, se ha esfumado bajo el peso de las prácticas dictatoriales. Para salir de su aislamiento y regresar a gobernar países de la región, la izquierda latinoamericana tendrá que aprender a respetar reglas democráticas como la alternancia en el poder, el derecho a la libertad de expresión y prensa, aceptar elecciones libres y rechazar las alianzas con el narcotráfico.
La lección va notoriamente dirigida a México. Claudia Sheinbaum sigue empeñada en imponer un sistema autocrático con control sobre los jueces, el Congreso, las elecciones, maniatando a la libertad de expresión y a la prensa, y aliándose con el crimen organizado. El tiempo para tales prácticas autoritarias se acaba, mientras México queda más expuesto al aislamiento internacional. Aprendan la lección de Cuba. La caída final puede ser tan cruel como inesperada.