Incel, el 2 de octubre y otras violencias

México es una sociedad con violencia desbordada en todos sus poros. La violencia es social, grupal e institucional. El sexenio de López Obrador permitió el incremento en la violencia grupal al empoderar al crimen organizado con el lema“Abrazos, no balazos”. Esa ...

México es una sociedad con violencia desbordada en todos sus poros. La violencia es social, grupal e institucional. El sexenio de López Obrador permitió el incremento en la violencia grupal al empoderar al crimen organizado con el lema “Abrazos, no balazos”. Esa consigna tuvo el efecto contrario a lo que supuestamente pregonaba. Hoy México alberga a mercenarios de varios países, entrenados en la guerra moderna de los drones, las bombas teledirigidas y las armas de alto poder. La guerra que se libra en todo el territorio nacional es sofisticada, peligrosa y tendrá un saldo de pronóstico reservado.  

La violencia social se expresa en los feminicidios, el maltrato doméstico a las personas de la tercera edad (aparte de golpes, el robo de sus tarjetas del bienestar se ha generalizado), el bullying en las escuelas, en todos los niveles, la violencia sexual y la discriminación a las diversas sexualidades, los matrimonios infantiles y la pederastia dentro y fuera de las iglesias. También el maltrato laboral y la discriminación salarial entre hombres y mujeres son todos elementos que contribuyen a la cultura de la violencia que presenciamos todos los días.

La violencia institucional también contribuye al ambiente de violencia en el país y eleva la percepción de que las diferencias son infranqueables, por lo que procede la imposición de agendas por la vía que sea. El que tuvimos, un presidente que abusó del micrófono para castigar, insultar y ofender a sus opositores durante seis años, simplemente reforzó la idea de que la imposición es el recurso natural para la resolución de controversias. La idea de la 4T es que pretende imponer su proyecto al país, por las buenas o por las malas, guste o no.  

Esa violencia institucional se acompaña del supuesto control total que no ofrece ni requiere rendición de cuentas. Bajo este manto protector, la corrupción florece con un ímpetu incontenible. Esa situación exige que el poder sea cada vez más y más autocrático, con la expresa intención de evadir cualquier rendición de cuentas a la sociedad sobre el ingreso y egreso del gasto público.

El entorno nacional es el terreno fértil para el surgimiento de grupos de jóvenes violentos que aprendieron cómo conducirse para vivir en una sociedad como la mexicana. Las casas son un primer campo de guerra y de concentración, donde aprenden las reglas de la sobrevivencia cotidiana. Los barrios y las escuelas son el siguiente lugar de encuentro violento con la colectividad.

Las redes son el instrumento ideal de comunicación y para la difusión de ideas que reúnen a los jóvenes de todas las edades. La violencia ya es un lenguaje universal. Que los incel(célibes involuntarios) se la hayan encontrado en las redes no es ningún misterio. Lo que les permite es la expresión anónima de sus frustraciones, enojos y, finalmente, odios. La violencia genérica mexicana es el terreno fértil para que ese fermento prefascista se dé con naturalidad y fuerza.   

También es el terreno adecuado para que los estudiantes de Ayotzinapa hagan desmanes violentos cada que hay una convocatoria a la movilización, ya sea en Chilpancingo, Taxco, Acapulco o la Ciudad de México. 

Lo que se presenció el 2 de octubre en el Zócalo capitalino fue la confluencia y coordinación entre las fuerzas incel, organizadas en las universidades, y el Bloque Negro. Las autoridades capitalinas, que no tienen una gran capacidad de análisis, no entendieron cómo se dio la conjunción de fuerzas de jóvenes afectados por la violencia que corre en las venas de la sociedad mexicana. En vez del Bloque Negro usual de 30 jóvenes, ahora aparecieron más de 350 enmascarados con un vigor violento propio de una sociedad que vive en un estado de guerra. El Estado fue ampliamente rebasado ese fatídico 2 de octubre por su falta de preparación y desconocimiento franco del fenómeno que se le venía encima. 

Voces clamaron que “esos jóvenes no saben lo que fue el 2 de octubre de 1968”. Es cierto, pero tampoco les importa. Para ellos, la sociedad violenta es la actual. La que no les ofrece opciones, excepto ideas de destrucción y odio sin una utopía al final del día. La 4T ni les interesa.

De los rencores y odios que va dejando el declive violento y flamígero de la izquierda hecha gobierno en México podrá surgir más violencia institucional con rasgos protofascistas y dictatoriales. Sería la respuesta socialmente orgánica a la violencia institucional del Estado. Sea el desenlace que sea, México va a encarar más violencia que nunca.

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