El Escudo de Trump amenaza a Claudia
Washington concluyó que México es el epicentro del narcotráfico.

Ricardo Pascoe Pierce
En el filo
La reunión de Trump con 12 presidentes latinoamericanos marca un hito histórico que no se puede minimizar. Fue un encuentro más ideológico que funcional. A pesar de que el propósito era formar una coalición militar contra el narcotráfico y la migración ilegal, no se acordó nada fuera de un marco declarativo. Al hablar de una iniciativa para fortalecer la seguridad hemisférica, combatir a los cárteles del narcotráfico y contrarrestar la influencia china en América Latina, el objetivo era reunir a gobernantes con una agenda común para enfrentar militarmente al crimen organizado en todas sus expresiones. Ese encuentro tenía el propósito de confirmar que numerosos gobiernos de AL han surgido como una respuesta a los errores de gobiernos de izquierda durante los últimos 20 años en la región. Una ola derechista-conservadora cubre con su manto a AL. El encuentro en Florida sirvió para dejar constancia de ese hecho.
No fueron invitados al encuentro los gobiernos de México, Colombia y Brasil, siendo estos países gobernados por partidos contrarios ideológicamente a la nueva derecha ascendente en América Latina, que se reunió con Trump en Florida ese 7 de marzo de 2026. Washington los considera los últimos resabios del populismo izquierdista que aún subsiste en Latinoamérica.
Ante pregunta expresa a Trump de por qué no asistieron esos tres países, respondió, evasivo, que pensaba que se les había invitado. Pero obviamente sabía las razones de su ausencia. Trump se ha enfrentado a Lula, de Brasil, sobre el trato al expresidente Bolsonaro y a Petro, de Colombia, por su supuesto apoyo a los cárteles de la droga. México es un caso aparte. En su discurso, Trump fue mucho más allá de lo prudente y necesario para descargar su evaluación de México. Evidentemente considera a México como el centro neurálgico de la operación del narcotráfico en el hemisferio. Por la fuerza numérica de los cárteles mexicanos, y por su capacidad organizativa, su influencia global y su poderío económico es que Washington concluye que México es el epicentro del narcotráfico mundial. No es el único, pero es el más fuerte y se sitúa en su frontera sur, ni más ni menos.
Fue “amable” con Claudia personalmente, pero duro en la evaluación de su gobierno: lo considera comprometido con el narcotráfico y que avala, en los hechos, una alianza entre políticos y narcotraficantes. No dejó la menor duda de que estima que ha llegado la hora para actuar de forma más contundente en México. El evidente desagrado que expresó Claudia con el operativo que terminó con la vida de El Mencho despertó suspicacias en Washington, sobre vínculos indeseables con el crimen. Pero una intervención militar no es una solución al problema del vínculo entre política y narcotráfico. Está en una escala mayor más difícil de atender. Pero ya va desarrollándose con la cancelación de visas a presuntos políticos involucrados en actividades relacionadas con el crimen organizado. Vendrán después acusaciones penales formales en cortes estadunidenses o, más bien, el público se enterará de que existen, porque ya muchas están en curso desde hace bastante tiempo. En ese momento el gobierno mexicano enfrentará decisiones existenciales: autorizar, o no, las extradiciones de muchos de ellos. Ese hecho va a colocar al gobierno de la 4T en una encrucijada política y moral crucial. ¿Enfrentar a los suyos o enfrentar a Washington? A partir de esas decisiones es que se desarrollarán acontecimientos difíciles de prever.
El Escudo de Trump pretende dar legitimidad a sus posibles presiones y/o acciones en la región latinoamericana en general, pero en particular hacia México. La intención es aislar a México de la solidaridad latinoamericana. Observamos el aislamiento, antes inimaginable, de Cuba, un país que hoy por hoy está casi sin amigos y sin apoyos en el mundo. La política exterior mexicana también ha perdido apoyos internacionales. Igual que Cuba. El Escudo de Trump no sólo aísla a México. Tiene el efecto de dejarlo sin solidaridad internacional. México se debilita día con día ante las crecientes presiones de Washington. La retórica oficialista de que “el pueblo nos apoya” está cada día más hueca ante la gravedad de las amenazas que se avecinan. El Escudo de Trump no protege a México. Lo amenaza. Y advierte lo que se puede esperar, probablemente antes de noviembre.