Tercios y gobernabilidad
El fenómeno novedoso de este año es la presencia de candidaturas independientes que han impactado los posibles cálculos electorales
Las fuerzas políticas del país están en plena definición de sus candidaturas centrales –la presidencial y la de jefe de Gobierno de la Ciudad de México son las principales, como si fueran presidente y vicepresidente– y después vendrán las senadurías, diputaciones federales, gobernadores, diputaciones locales, alcaldes o municipales, regidores y concejales.
Es un ritual que impone la tradición política y también la ley. Nos olvidamos de ello, pero sucede cada seis años.
El fenómeno novedoso de este año es la presencia de candidaturas independientes que han impactado, en alguna medida, los posibles cálculos electorales. Por lo que ha demostrado la experiencia reciente la presencia de candidaturas independientes en la escena político-electoral del país, se ha confirmado que tienen la posibilidad de mover los resultados e impactar significativamente en los resultados finales de un proceso electoral y, por tanto, en la conformación de futuros gobiernos, a nivel federal y local.
En una elección dividida y altamente competida, la diferencia de tres o cuatro puntos porcentuales puede impactar definitivamente en el resultado final, entre un ganador y un perdedor. En una competencia por la Presidencia de la República el resultado puede depender de tres o cuatro puntos entre el primero, segundo y tercer lugar, y pudiera ser decisivo el impacto, por ejemplo, de una candidatura independiente.
Las últimas dos elecciones presidenciales en México se han definido entre tres tercios. Siempre ha habido un tercio más grande, uno intermedio y otro más pequeño en las elecciones de 2006 y 2012. En 2006 el tercio más alto le correspondió al PAN, el intermedio al PRD y el inferior al PRI. En 2012 fue distinto: el tercio más alto le correspondió al PRI, el intermedio al PRD y el bajo al PAN.
Todo indica que la elección del 2018 surtirá el mismo efecto básico sobre el electorado nacional, dividiéndose en los tres tercios. Hoy las encuestas le colocan a Morena en 31%, el Frente PAN, PRD y MC en 19% y el PRI-Verde y Nueva Alianza en 18%.
Sin embargo, la noticia no es buena para Morena porque éste inicia el proceso cercano a su caudal final de votos debido a que López Obrador tiene un reconocimiento de nombre de 98% y ha sido candidato presidencial dos veces, mientras los candidatos del Frente y PRI son poco conocidos y apenas inician sus campañas presidenciales por primera vez. Éstos empiezan en sus respectivos sótanos mientras Morena inicia en su techo.
Para ganar la elección presidencial alguno de los candidatos tendrán que recibir 36% de los votos, otro recibirá 34% y el último, 30%, siguiendo la lógica de lo que ha sucedido en elecciones anteriores.
En este caso, el nuevo factor son los candidatos independientes que podrán inclinar la balanza hacia uno u otro de los candidatos punteros: El Bronco y Margarita Zavala. Sus acuerdos en los últimos suspiros del proceso podrían inclinar la balanza hacia un determinado candidato, y definir el resultado final de la votación.
Este esquema de tres tercios también enfrenta el país a otro reto. Independientemente de quién resulte ganador, el Congreso nacional estará igualmente dividido, lo cual significará un reto difícil de gobernabilidad para la fuerza que triunfe en la contienda presidencial. Habrá Presidente, pero no necesariamente gobernabilidad.
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