Las alianzas de 2018
La conclusión más obvia de las recientes elecciones estatales es que las alianzas se han convertido en el angosto pasaje obligatorio para cualquier candidato que pretende alcanzar la victoria. Esta obviedad tiene su prueba a la vista: donde Morena y PAN fueron solos, ...

Ricardo Pascoe Pierce
En el filo
La conclusión más obvia de las recientes elecciones estatales es que las alianzas se han convertido en el angosto pasaje obligatorio para cualquier candidato que pretende alcanzar la victoria. Esta obviedad tiene su prueba a la vista: donde Morena y PAN fueron solos, perdieron la elección. Donde PRI hizo alianzas ganó o quedó en segundo lugar, mientras las alianzas PAN-PRD triunfaron en Nayarit y Veracruz.
Por otro lado, Morena confirmó que es un partido urbano, cuya fuerza se encuentra concentrada en el centro del país. Ganó en el Valle de México correspondiente al Estado de México y en ciudades de Veracruz.
Sus bastiones actuales, básicamente, son heredados de la fuerza declinante del PRD, y donde no tiene presencia es en zonas que el PRD continúa dominando, como Morelos, Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Tabasco (¡!), Veracruz, Chiapas y comparte la Ciudad de México, principalmente. En el Estado de México esto quedó patente: ganó la zona urbana, cercana a la Ciudad de México, pero perdió, en una proporción igual o mayor, en el resto de la entidad. No pudo cubrir 40% de las casillas de la entidad. Estos hechos arrojan una lección: si no supera ser un partido esencialmente regional, como lo es hoy, no podrá ganar la Presidencia. Si bien el PAN es un partido con más estructura nacional que Morena, tiene la misma debilidad: sigue siendo un partido esencialmente regional.
Donde la izquierda (PRD o Morena) es fuerte, el PAN es débil, y viceversa.
En Coahuila el PAN no es un partido con tradición de lucha estatal, sino más bien municipal. No es una sorpresa que no haya recibido muchos votos fuera de las zonas urbanas, notoriamente en áreas rurales. Ni en el Estado de México ni en Coahuila Morena y PAN contaron con la capacidad de respuesta voraz y cínica del PRI para mantenerse en control de sus dos bastiones políticos que dependen de oligarquías locales enraizadas en el poder económico y político desde hace más de 80 años. No son enemigos “democráticos” menores. Se enfrentaron, con cierta ingenuidad, a dos dictaduras, como lo también lo eran Veracruz, Quintana Roo y Tamaulipas antes de 2016.
Hacia 2018 queda demostrado que las alianzas van a ser definitorias en el proceso electoral. PAN, Morena y PRI ya están planteando sus candidaturas, y discuten internamente con qué alianzas. El PRD está discutiendo con qué opción aliarse: Morena o PAN.
Quienes dentro del PRD apoyan la alianza con Morena lo plantean como una cuestión de pureza ideológica sobre la unión de la izquierda, mientras la alianza con el PAN es vista por sus proponentes como una amplia alianza liberal, parecida a la Concertación Democrática chilena, cuyo objetivo es desterrar, de una vez por todas, al autoritarismo priista del escenario político nacional. Es previsible el surgimiento de dos polos opositores en 2018.
El PRI recibió menos votos que Morena en el Estado de México, pero ganó la elección por sufragios aportados desde sus aliados. Lo mismo le sucedió en Coahuila, pero en este caso con el PAN como contrincante. El tricolor es el único partido nacional que irá con las mismas alianzas en 2018. Las alianzas definirán las victorias y derrotas en ese proceso. Sería preferible que no fuesen alianzas compradas u obligadas, sino basadas en propuestas programáticas para darle estabilidad al país y gobernabilidad legislativa para implementar la propuesta del gobierno.
@rpascoep