Alianzas en 2018: cuestión de prioridades

Lo interesante es la preferencia partidista manifiesta y el nivel de rechazo.

La décima quinta encuesta de Presidencia de la República arroja datos interesantes acerca del proceso electoral 2018. En particular, apunta a retos para los partidos punteros: Morena, PAN y PRI. Plantea, especialmente, uno fundamental: el de las alianzas. Más allá de las preferencias por personas, donde López Obrador va adelante en reconocimiento debido a los años que lleva apareciendo en anuncios televisivos, lo interesante es la preferencia partidista: 19% PAN, 17% Morena, 15% PRI. Después viene PRD: 7%, Verde 2%, MC 1%, NA 1%, PT 1%, Encuentro Social 0,9%. No sabe o no contestó: 26 por ciento.

Cuando empiezan las campañas, y los partidos definen sus candidatos, entonces las encuestas sobre las personas tendrán más sentido, no antes. Por ahora, lo interesante es la preferencia partidista manifiesta y el nivel de rechazo a otros partidos (Nunca votarían por: PRI 37%, PRD 18%, PAN 16%, Morena 7 por ciento). 

Una primera premisa que sugiere la encuesta es que será casi imposible ganar la elección presidencial sin establecer alianzas con otras fuerzas. Tan lo sabe el PRI que es el partido que más alianzas ha establecido de cara a las próximas elecciones estatales. El PRD también lo sabe y trata de establecerlas, aunque es un partido infiltrado por el PRI que hace todo lo posible justamente por evitar que establezca alianzas efectivas. El PAN padece la enfermedad de su mesianismo interno y no puede permitirse el lujo de “deformarse” aceptando alianzas con pensamientos distintos. La estrategia del PRI para el 2018 es establecer la mayor cantidad de alianzas posibles (piensen: PRI, Verde, Nueva Alianza, PT, Encuentro Social, partidos estatales) y sabotear la posibilidad de alianzas que pudieran establecer PAN, PRD y Morena, juntos o por separado.

El reto de la izquierda es singular. Según la encuesta, Morena probablemente no podrá ganar las elecciones presidenciales de 2018 sin el apoyo del PRD. Las movilizaciones “competidas” en la Ciudad de México confirmaron que ambos partidos tienen fuerzas suficientes que le podrán restar o sumar al otro los apoyos que requiere para lograr sus objetivos. Por ejemplo, es posible que Morena le quite al PRD la jefatura de Gobierno en la Ciudad de México, pero eso no le garantizará los apoyos más generales que necesita para ganarle al PAN o PRI la Presidencia de la República. Es una apuesta de prioridades. 

El PRI presiona al PRD para evitar que apoye a López Obrador. Seguramente las impugnaciones a la Constitución de la Ciudad de México son un recordatorio de cuáles fueron los acuerdos entre Peña Nieto y Mancera cuando se aprobó el proceso constituyente. Mancera habría aceptado ser candidato presidencial del PRD para restarle fuerza a López Obrador, beneficiando al PRI. Algo parecido al ensayo del PRD en el Estado de México en este momento: es el perro de ataque contra el PAN, para implícitamente favorecer al PRI y restarle votos a Morena. Cualquier intento de Mancera por zafarse de la candidatura (hoy por hoy perdedora) será visto por el PRI como una traición al pacto establecido. Recuerda al pacto hecho durante la presidencia de Calderón entre PRI y PAN para que éste no se aliara con el PRD en el Estado de México, favoreciendo al candidato Peña Nieto.

Sin una alianza Morena-PRD la izquierda estará condenada a una sexta derrota electoral presidencial. Cuestión de prioridades. 

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