Tiros de gracia en la Narvarte

El Distrito Federal no se queda atrás. Existe el crimen organizado desde hace mucho tiempo en la ciudad.

La mexicana es una sociedad aprendiendo a vivir con la violencia. Atrae y repela. A través de las redes sociales han circulado videos de integrantes de un cártel interrogando a miembros de otro, para luego proceder, con toda calma, a decapitar al interrogado.

Fue fácil para muchos, como Vicente Fox, priistas e intelectuales de diversas corrientes, atacar a Calderón por “su guerra” contra el narco. Lo acusaron de ser el responsable de más de 60 mil muertes, más que los 30 mil muertos por la dictadura militar en Argentina. Ante la confusión de las cifras y la carencia de un análisis certero de la realidad se pierden irremediablemente las diferencias entre un contexto y otro. El mazacote analítico permite comparar situaciones que no tienen nada en común, excepto que hay muertos.

¿Las luchas políticas contra un sistema económico tienen algo en común con la lucha antisistema del crimen organizado? Sí y no. Lo que tienen en común es que buscan destruir un sistema que no les permite hacer lo que quisieran. Téngalo por seguro: una vez destruido el sistema al que se oponen, se abocarían a destruirse entre ellos mismos. Pero ese es otro cuento.

Lo importante hoy es que la lucha del Estado contra el crimen organizado en México es por rescatar a la sociedad de las manos de la delincuencia. Si esto no se entiende, entonces que se diga con toda claridad que lo que se busca es un régimen político donde el poder es compartido con el crimen organizado. Esto es, la creación de un narco Estado —o, dicho con mayor cautela—, un Estado seminarcotizado, donde pretenderían convivir elementos de un régimen con legalidad democrática, junto con una sociedad sin legalidad ni democracia.

Esta confusión explica la reticencia de muchos gobernantes por reconocer el grado de penetración que tiene el crimen organizado es sus municipios, distritos, estados o secretarías. El Distrito Federal no se queda atrás. Existe el crimen organizado desde hace mucho tiempo en la ciudad, como también el cobro del derecho de piso, la distribución masiva de drogas al mayoreo y menudeo, los asesinatos producto de pugnas entre grupos y/o cárteles (acuérdense del Heaven) y, ahora dos fenómenos adicionales.

Primero, narcomantas del cártel de Sinaloa, que encabeza El Chapo Guzmán, que aparecen por la ciudad con amenazas a los habitantes de ciertas zonas. Y segundo, la ejecución de cinco personas en la colonia céntrica y clasemediera de Narvarte, con todo y tiros de gracia. Se ha informado públicamente que el único hombre asesinado del grupo era el fotoperiodista Rubén Espinosa Becerril, corresponsal en Veracruz de Cuartoscuro y la revista Proceso, quien huyó de su estado por temor a represalias oficialistas y/o del crimen organizado, en donde han muerto 12 informadores en años recientes. El grupo defensor de periodistas Artículo 19 expresó su temor de que la Ciudad de México hubiera perdido su carácter de refugio seguro para informadores amenazados. Los hechos de la Narvarte parecen confirmar sus temores.

El pánico oficial, por reconocer la gravedad de la amenaza que representa el crimen organizado para la sociedad entera, temiendo ser acusados de “calderonistas”, nos ha llevado a que reine la falta de objetivos en materia de seguridad nacional. En vez de combatir el problema, se esconde la cabeza en la arena, cual avestruz. Patética conducta, fingiendo que el problema no es tan grave, cuando resuena los tiros de gracia en la Narvarte.

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