Un nuevo invierno en Rusia y Ucrania
El pasado sábado cayó la primera nevada en Moscú y sus alrededores. Serán cuatro meses de ver un crudo invierno, de frío que cala en el cuerpo, de preferir ver nieve a sólo sentir el frío, de ver el sol sin que caliente, de moverse con lodo y hielo. Llega un invierno ...
El pasado sábado cayó la primera nevada en Moscú y sus alrededores. Serán cuatro meses de ver un crudo invierno, de frío que cala en el cuerpo, de preferir ver nieve a sólo sentir el frío, de ver el sol sin que caliente, de moverse con lodo y hielo.
Llega un invierno más y una faceta que trae un nuevo año. Es un invierno que arriba con dificultades dentro de Rusia y Ucrania. Los ataques aéreos se han incrementado en las refinerías de petróleo o en los depósitos de gasolina muy al interior de Rusia. Los avances dentro de Ucrania se han reducido, pero existe actualmente la presión de tomar Pokrovsk y avanzar sea como sea en el oriente antes de que termine 2025. Rusia contesta con ataques masivos a Ucrania. Los objetivos son estaciones de energía, estructuras civiles y causar miedo a la población ucraniana.
El invierno va empezando, pero Rusia ya está causando estragos en la parte energética del país vecino. Las defensas aéreas son limitadas. No son suficientes las baterías de defensa, los misiles Patriot, los drones o las municiones para todo el territorio ucraniano.
Rusia no se tienta el corazón. Acorrala a un país que, si bien ha resistido por casi cuatro años, éste no cuenta con una industria militar suficiente para sobrellevar por mucho tiempo el conflicto militar que observamos en estos momentos. Han sido días de no contar con muchos cambios fuera de las ya acostumbradas respuestas entre Moscú y Kiev.
Por ahí vimos a finales de octubre la visita de Kirill
Dmitriev, director general del Fondo Ruso de Inversión Directa y Cooperación Económica, a Estados Unidos para hablar de comercio, de la posible cumbre Putin-Trump en Budapest y de las oportunidades de negocios entre ambos países. No fue algo que causara revuelo, pero en lo personal, me dejó un poco con la duda.
Pasaron semanas. De repente, este sábado llegó a mi contenido un nuevo documental alemán sobre llamadas telefónicas interceptadas de soldados rusos hablando de la realidad que ven ellos dentro de Ucrania. Me dejó impactado. Al escucharlo en ruso y entenderlo, me hizo constatar lo enferma que se ha vuelto la sociedad rusa entorno a Ucrania y la guerra que su país lleva a cabo en territorio vecino. Ante esto, pensé escribir un texto sobre la guerra y el factor del invierno en el conflicto. Sin embargo, a mitad de esta semana, llegó la noticia sobre un plan de 28 puntos que Estados Unidos le estaría ofreciendo a Ucrania para que capitule o termine la guerra de manera inmediata. El plan habría sido pensado por Steve Witkoff, enviado especial de la administración de Donald Trump para Oriente Medio y Rusia; y Kirill Dmitriev, funcionario ruso del cual ya escribimos anteriormente.
Si bien la noticia es de impacto, creo que no es nuevo que la actual administración estadunidense se recline hacia lo que pide Rusia. Witkoff siempre ha sido seducido por el Kremlin y sus demandas. Ucrania, por su parte, ha declinado la propuesta del nuevo plan presentado por Estados Unidos. Zelenski pretende presentar su propio plan, pero es bien sabido que será bateado por Estados Unidos y Rusia. Nadie quiere ceder absolutamente en nada.
El invierno ha llegado y trae consigo la presión de la administración de Trump en llegar a una paz. Sea cual sea la paz o lo que se le asemeje. Ucrania se ve debilitada y desgastada entrando al final de 2025. Las opciones son pocas.
Las nevadas y el frío jugarán un papel importante en las próximas semanas.
