La carrera electoral en Estados Unidos se empieza a sentir cada vez más. Los aires de las elecciones intermedias retumban al interior de la nación más poderosa del mundo. Huele a otoño. Noviembre está por llegar. Son pocas las semanas que quedan de preparativos y de poder persuadir todavía a algunos de los votantes del país vecino. Es tiempo de renovar un congreso que está anclado hacia el lado republicano y con una agenda prácticamente entregada al presidente Donald Trump.
Capitol Hill necesita un cambio y un equilibrio. La fecha está decidida. Los pronósticos y las encuestas dictan un posible castigo al partido que gobierna. Los errores cuestan y costarán. Las mentiras son bastas. Todo es repetitivo. El nerviosismo se aprecia, aunque se trate de disfrazar con un estilo arrogante de gobernar.
Los republicanos no saben para dónde moverse. Se percibe de esa manera. Dejaron el control total de su movimiento o ideas al actual mandatario estadunidense. Todos los ojos de preocupación apuntan a la Casa Blanca. El máximo líder del culto MAGA estaría echando a perder su misma agenda si el congreso no se queda de la misma manera en que se encuentra ahora. Naturalmente, las culpas irían y vendrían, pero Trump jamás se echaría la culpa por lo sucedido. Es imposible. La bolita pasaría al vicepresidente, a la Suprema Corte, a los sistemas de votación locales o a los mismos demócratas. Todo es tan premeditado y obvio.
Es por eso que en estos últimos días, distintas figuras políticas de Washington, incluyendo el mismo presidente Trump, tratan de salvar al movimiento y persuadir al electorado con diversas declaraciones. Piden una oportunidad más. La presión aumenta dentro del primer círculo político de capital estadunidense. Los números parecen no ser favorables. La misma popularidad de Trump no sube de los 30 puntos porcentuales. El pueblo vecino se está haciendo escuchar antes de noviembre. Se siente el descontento. Se prometieron muchas cosas. Fue mucho hablar, alardear, victimizarse y culpar al pasado. La soberbia, el ego y el poder se mezclaron con la doctrina MAGA. El regreso de Donald Trump debía ser algo bastante favorecedor para Estados Unidos. Él sabía cómo hacer grande de nuevo a Estados Unidos. Él tenía la receta mágica. Todos los países del mundo respetarían y temerían a su país. Era sólo mezclar la política con los negocios. La nación norteamericana debía florecer de nuevo después de cuatro años de tener a Joe Biden como presidente. Todo tenía que ser ganar y ganar. Los estadunidenses se cansarían de tantas victorias. Trump era el perfecto ajedrecista y el gran empresario convertido por segunda ocasión en presidente. Nada podía salir mal.
Sin embargo, ¿qué es lo que tenemos en estos momentos?
Alta inflación, precios altos en hidrocarburos y productos, guerras militares y comerciales, aranceles, etcétera.
Las promesas se las llevó el viento. Los discursos continúan y las mentiras no cesan. Las consecuencias se impondrán en noviembre.
El electorado estadunidense no es tonto.
NOTA DIPLOMÁTICA
1- ¿Se enfermaron los líderes de China y Sudáfrica durante la cumbre de BRICS en Nueva Delhi, India?
2- Nikolái Patrushev, exjefe del Servicio Federal de Seguridad de Rusia, asegura que Polonia dejaría de existir como Estado en dos o tres días si decidiera empezar una guerra con Rusia. ¿Respuesta nuclear o soberbia rusa?
3- Las elecciones parlamentarias de Rusia se llevarán a cabo este fin de semana. Me parece que ya sabemos qué facción política ganará, ¿verdad?
