En el mundo de la diplomacia, la política mundial y las relaciones internacionales, septiembre tiene un significado bastante importante: la Asamblea General de la ONU y su periodo de sesiones.
La ciudad de Nueva York se alista año tras año para recibir por una semana a líderes y delegaciones de los países miembros de las Naciones Unidas con el fin de que el mundo escuche mensajes acerca de sus naciones, como también, de los diferentes temas que entran en las bitácoras propuestas por el máximo organismo diplomático mundial.
Son meses intensos de trabajo, preparación y protocolo entre las diversas misiones diplomáticas asentadas en el edificio principal de la ONU sobre la Primera Avenida y la Calle 42 del Midtown Manhattan, Nueva York. Las agendas, los discursos, hoteles, hospedajes, las juntas bilaterales, conferencias y las visitas tienen que cuadrar.
La crema y nata de la política mundial se mezclan por las calles para llegar al punto de encuentro. Es un show de política, estilo, ego, diplomacia, manipulación, gestos, declaraciones y palabras. Las cámaras y los focos apuntan a los principales jefes de Estado o funcionarios que están siendo tendencia a nivel internacional. Es una seguridad extrema entre policías locales, Servicio Secreto, guardaespaldas y personal encubierto. Nada puede fallar. La Asamblea General de la ONU se viste de gala. Es la oportunidad de jefes de Estado, líderes y representantes de países para relucir sus agendas. Cada quien tiene su postura sea buena, mala o adecuada. Los intereses son respectivos y propios de cada nación.
Ante esto, mucho se puede discutir, debatir o decir sobre la ONU. Yo, de manera personal, puedo coincidir con el presidente de Argentina, Javier Milei, sobre que las Naciones Unidas no sirven para mucho de manera actual. Sin embargo, es importante decir que dicho organismo sigue siendo el máximo exponente político-diplomático en nuestro mundo que se rige por sus normas y las de sus Estados miembros desde 1945. Sea como sea, la ONU debe seguir funcionando y buscando la paz de la manera más diplomática posible con los instrumentos que existen hoy en día.
Al igual, aunque sea criticada en sí lo que es la Asamblea General de la ONU, creo que es sumamente importante que jefes de Estado acudan a este tipo de eventos. Esencialmente, aquellos que han dejado debilitar su política exterior a través de los últimos años o que centran sus esfuerzos solamente en la política interior de sus países.
Todo es imagen, presencia e interés. La política exterior de un país no sólo se define por su constitución, sino también por la de su mandatario.
La presencia de un jefe de Estado en la ONU habla mucho de lo que le importa su país en el exterior y en cómo se maneja dentro de la diplomacia mundial.
Enviar a un canciller en su representación es entendible siempre y cuando no exista la oportunidad de acudir. Sin embargo, casi siempre el peso político no será el mismo. Existen niveles, figuras y trayectorias.
Así pues, llegamos a la octogésima primera Asamblea General de la ONU con sorpresas, exaltaciones y discursos que están dando mucho de qué hablar durante esta gran semana.
Nunca es aburrido.
NOTA DIPLOMÁTICA
1- El canciller ruso, Serguéi Lavrov, ya dejó en claro desde la ONU que Rusia no parará su guerra en Ucrania.
2- Trump y sus madruguetes a México. Todo un clásico.
3- ¿La CIA acertará en su advertencia sobre un posible ataque de drones rusos en la Europa mediterránea?
4- Putin espera a Zelenski en Moscú.
