Los —otros— datos sobre la pandemia
• Nos dijeron que las pruebas “rápidas” no tenían sustento científico.

Ricardo Alexander Márquez
Disonancias
Desde el inicio de la crisis mundial por el coronavirus COVID-19, siguiendo la misma línea que en otros temas, el gobierno del presidente López Obrador ha mostrado y trabajado con sus “otros datos", esos que muchas veces parecen sacados de la manga y se adaptan según la necesidad del momento.
Al principio —y no hace tanto tiempo— salió el mandatario y el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, a decirnos que no había nada de qué preocuparse, que el tema estaba plenamente controlado y el país era de los más preparados para contenerla, ¡del mundo!
Nos dijeron que no era necesario usar cubrebocas. Que la estrategia de hacer pocas pruebas era correcta —contrario a la recomendación de la OMS—. Que no era necesario tomar medidas adicionales ni cancelar eventos masivos —como el Vive Latino—. Que no había que declarar la emergencia. Que el Presidente no tenía que dejar de llevar a cabo sus giras porque su fuerza no era de contagio, sino “moral”. Que las pruebas “rápidas” no tenían sustento científico —aunque la FDA de Estados Unidos ya las había aprobado—.
Ahora el discurso cambió y no hay contradicción. Sí hay que usar cubrebocas. Hay que hacer más pruebas —para lo cual el gobierno federal anunció que liberará medio millón para los estados—. Que siempre sí era una “emergencia sanitaria por causa de fuerza mayor”. Que la fuerza moral del Presidente no era suficiente para contener la pandemia y los efectos de sus estampitas, dudosos.
Siempre hay una justificación. Lo que se dice un día, se desdice al siguiente, el plan de acción que se plantea como bueno es tirado a la basura después, y los datos siempre se pueden adaptar.
La crisis que se desencadenó en el Hospital General de Subzona No. 26 del IMSS, en Cabo San Lucas, en donde 42 trabajadores contrajeron el virus —según declaró Zoé Robledo—, evidenció la facilidad de contagio y la vulnerabilidad de nuestro sistema de salud, mientras dicen que tenemos la mitad de casos de países pequeños, como Chile.
Además, el doctor López-Gatell nos sorprendió esta semana con que siempre los mexicanos no somos una raza que no se enferma, pues pasamos de 3 mil casos comprobados a estimaciones de más de 26 mil. Se habló de un “factor de expansión” de 8.2, sobre el cual no se ponen de acuerdo el secretario de Salud y su subsecretario, sobre qué significa y cómo debe entenderse.
Lo anterior, incluso, sin tomar en cuenta que parecen existir casos mal diagnosticados en cuanto a que defunciones por coronavirus están siendo reportadas como de neumonía atípica, que justamente se han disparado este año, y también se han dejado de reportar los casos por municipio.
Y, seguramente, los diagnósticos son incorrectos. En México, se han realizado menos pruebas que en Ghana y la mitad que en Perú, y apenas se está empezando a autorizar la importación de pruebas “rápidas”, que han sido aplicadas con éxito en países como Estados Unidos y Alemania.
Desde el inicio de su gobierno, López Obrador ha desestimado los datos y la metodología, poniendo como única fuente de verdad lo que sale de su boca, que muchas veces termina enfrentado con la realidad. Frente a la pandemia, lo único que puede ayudarnos a sobrepasarla es que se tomen decisiones con base en información correcta.
*Maestro en Administración Pública
por la Universidad de Harvard
y profesor de Derecho Constitucional
en la Universidad Panamericana
Twitter: @ralexandermp